Tercera final de una rivalidad clásica

Maradona dio brillo al título de Argentina en México 86 y el sopor marcó la revancha de Alemania

Maradona levantó la Copa Jules Rimet en México 86, en un Azteca con 114.600 personas.
Maradona levantó la Copa Jules Rimet en México 86, en un Azteca con 114.600 personas.

Redacción / La Voz

Cuando el domingo Alemania y Argentina salten a Maracaná, no habrá otra final con tanta historia en el Mundial. Será la tercera, más que ningún otro clásico con la Copa Jules Rimet en juego. La albiceleste de Diego Armando Maradona triunfó en el Estadio Azteca de México en 1986 (3-2), pero perdió cuatro años después en el Olímpico de Roma, vengado por la generación de Lothar Matthaus (1-0). El duelo se estira hasta 21 capítulos, aunque solo otros cuatro se escribieron en el Mundial. Vencieron los germanos en Malmoe en 1958 y empataron en Birmingham en 1966, en partidos de la fase de grupos. Y dos pulsos están frescos en la memoria y hasta en las piernas de los finalistas de esta tarde. En el 2006 la selección de Jurgen Klinsmann y Joachim Low superó a Argentina en la tanda de penaltis de Berlín. En Sudáfrica 2010, con Maradona en el banquillo, Alemania destrozó al equipo de Messi, en una de las mayores goleadas entre dos potencias.

El Mundial de Maradona

Exhibición contra Inglaterra, eficacia en el último partido

El Mundial había dejado América en 1978 tras el título de la Argentina de Mario Kempes y regresaba a ese lado del Atlántico en 1986. Diego Armando Maradona llegó a México sin el fervor unánime de Argentina. Se debatía su papel como capitán en aquella selección de Carlos Bilardo. Hoy Messi, cuatro veces ganador del Balón de Oro, es un futbolista indiscutible al que sus compatriotas aprendieron a querer, pero aterrizó en Brasil después de una temporada discretísima con el Barcelona.

Argentina arrancó en México 86 con triunfos ante Corea del Sur y Bulgaria y un empate ante la campeona vigente, Italia, en la fase de grupos. Le bastó un gol de Pasculli para apartar a Uruguay en octavos. Y la gran obra llegó en el 2-l de cuartos ante Inglaterra. El primer gol retrata al pícaro de Maradona, que marcó con la «mano de Dios» ante Peter Shilton, y del segundo, su eslalon increíble driblando a cuatro rivales desde campo propio, ya está todo dicho. El tanto de Lineker en el 81 ya dio igual. Otro par de goles de Maradona valieron el triunfo ante Bélgica en semifinales.

La Alemania Federal de entonces sufrió durante todo el Mundial. Ganó a Escocia, empató ante Uruguay y perdió contra Dinamarca para pasar a octavos. En el primer cruce, contra Marruecos, tardó 88 minutos hasta que marcó Matthaus. Necesitó los penaltis para eliminar a la anfitriona, México, y derrotó en semifinales a la Francia de Platini con tantos de Brehme y Voller.

Vieron la final 114.600 personas en el Estadio Azteca, segado el césped en circunferencia. Cantó Schumacher en una salida y José Luis Brown cabeceó el 1-0. Ya en el segundo tiempo, Jorge Valdano finalizó al contragolpe el 2-0. Aquella Alemania, que venía de ser finalista en el Bernabéu, se resistió con dos tantos del capitán, Karl-Heinz Rummenigge, y Rudi Voller, en solo siete minutos. Faltaban nueve para el final. Pero tenía que aparecer Maradona. Se abrió un hueco para controlar un balón y habilitar la carrera desatada de Burruchaga hacia Schumacher. El título era argentino.

La venganza del Olímpico

Un Mundial triste y un título de penalti

Alemania llevaba años de derrotas crudelísimas y venía de perder en las semifinales de su Eurocopa de 1988 ante la Holanda de Gullit, Van Basten y Rijkaard. El rácano estilo italiano se contagió en uno de los Mundiales más sosos que se recuerdan. Alemania Occidental, poco antes de la reunificación, goleó a Emiratos Árabes y Yugoslavia y empató con Colombia. Luego se vengó de Holanda en octavos, apartó de penalti a Checoslovaquia y superó a la Inglaterra de Gascoigne y Lineker en los penaltis.

El camino de Argentina fue tormentoso, desde la derrota ante el Camerún de Roger Milla. Se salvó ganando a la URSS y empatando con Rumanía. Y comenzó a explotar un gol por cruce. Tumbó al Brasil de Careca, Branco y Alemao con un tanto de Caniggia, y sobrevivió gracias a un parapenaltis como Goycochea. Decidió la tanda del 0-0 ante Yugoslavia (con fallo de Maradona en la tanda) y del 1-1 ante Italia en San Paolo.

Fue la última tragedia antes de la final del Olímpico de Roma ante 73.603 personas, que silbaron el himno argentino para cabreo del Pelusa. A Argentina, agotada tras partidos interminables, le faltaron Batista, Giusti, Caniggia y Olarticoechea. A Maradona, estrella indiscutible de aquel equipo con Sensini, Basualdo y Ruggeri, lo secó Buchwald, ayudado por Kohler y Augenthaler. El penalti polémico de Voller ante Sensini lo transformó Brehme al final. Alemania ya tenía tres copas, como Italia y Brasil, gracias a la generación de Hassler, Klinsmann y Littbarski. Matthaus ejercía un liderazgo más compartido que el de Maradona, La venganza se consumó también en el banquillo, con los mismos inquilinos de México cuatro años antes, Franz Beckenbauer, que había celebrado en el campo el título de 1974, y Carlos Bilardo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

Tercera final de una rivalidad clásica