Usan la lupa con los modestos, y la vista gorda con los grandes. Así se reparte la justicia en el fútbol actual. Si se quiere regenerar este deporte universal de corruptelas y convertirlo en algo mucho más serio y respetable, no les queda más remedio que regenerarse a sí mismos. O sea, una cuadratura del círculo.
Cuando saltó estos días a la palestra nacional la denuncia de la LFP ante la policía judicial madrileña de las sospechas sobre el partido Lugo-Mirandés de la última jornada de la pasada Liga Adelante, basadas en las apuestas deportivas del mismo, tuve la sensación de que o aquí se han vuelto locos unos cuantos mandamases, o nos quieren hacer tontos a una mayoría. El perogrullo de argumento es tan risible como ridículo. Porque se basa en un supuesto pacto previo de empate, que beneficiaba a ambos clubes para lograr el objetivo de la permanencia. Cierto este apartado, cualquier resultado de tablas era susceptible de investigación, aunque fuese obtenido de forma totalmente deportiva. Pero, ¡oh, casualidad!, un gol de Pita en el minuto 70 dejaba como definitiva la victoria lucense. Entonces, ¿de qué estamos hablando? ¿De castigar o investigar a un club por cumplir con su sagrada obligación de salir a ganar y conseguirlo, o de buscarle los tres pies a este gato, aunque sea la mismísima UEFA la remitente del affaire? Solo nos faltaba sentar un precedente por algo inexistente. En derecho, solo cuenta la política de hechos consumados. Y punto.
Si don Javier Tebas y compañía no tienen ya bastante con investigar a esos clubes que incumplen los presupuestos, y luego compiten en superioridad de condiciones sobre los más modestos, me parece que investigar a otros por un resultado inexistente es de auténtica Pantera Rosa. Mejor, que se lo explique el inspector Clouseau, experto en caza de brujas.