Pékerman: posesión y equilibrio

El seleccionador que «armó un gran equipo con grandes individualidades»


Redacción / La Voz

José Néstor Pékerman ya ha hecho historia con Colombia, que nunca antes había alcanzado una ronda de cuartos de final en un Mundial. Y lo ha logrado sin traicionarse ni traicionar su ideario futbolístico, a pesar de que la suya no ha sido una carrera fácil.

Cualquier que escudriñe en su biografía encontrará la figura de un tipo con principios. Ya lo demostró como futbolista, cuando tuvo que retirarse precipitadamente a los 28 años por una lesión de rodilla. Curiosamente, en Colombia, en el Independiente de Medellín. Podría haber forzado, pero entendió que sería un fraude para la camiseta que defendía y la afición que lo seguía. De él nunca hubiese podido decir Bielsa aquello de los «millonarios prematuros», en el discurso que dirigió al vestuario del Athletic de Bilbao en el último entrenamiento de la temporada, tras caer en las finales de Copa del Rey y UEFA League.

Para acotar un poco más ese perfil de José Pékerman, basta con rescatar algunas de sus frases en momentos puntuales de su trayectoria.

En la hora del adiós como futbolista profesional, por la ya reseñada lesión de rodilla, comentó: «Quiero tanto al fútbol que no puedo jugar dando ventajas».

Como entrenador, su labor ha estado asociada, durante muchos años, al trabajo con las selecciones de base de Argentina. Con la sub 20 conquistó tres campeonatos del mundo.

Pero también dirigió a la absoluta, tomando el relevo de Bielsa en el 2004. En el Mundial del 2006 superó con brillantez la fase de grupos y los octavos de final, pero cayó en cuartos ante Alemania, en los penaltis. Aquel equipo dejó huella por su fútbol, pese a que en la suerte de la moneda al aire salió cruz. Y Pékerman optó por irse: «Mi deseo era lograr lo que todos los argentinos queríamos: un título. Irme fue una decisión personal y no en contra de la selección. Mi dolor fue no darle a la gente lo que todos queríamos».

El día de su presentación como responsable técnico de Colombia, avanzó la esencia de su librillo futbolístico en una reflexión: «El objetivo es que seamos un gran equipo con grandes individualidades y no grandes individualidades sin un gran equipo». Dicho y hecho. Así se está comportando el grupo, a la espera del partido de esta tarde ante Brasil.

Arquímedes fue quien dijo: «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo». Ese punto de apoyo quizás lo encontró Colombia en el encuentro frente a Chile en el que visó el pasaporte para Brasil. Al descanso perdía 0-3 y en los últimos 25 minutos consiguió empatar. Ahí cargó las baterías de la confianza y abrió las puertas a la ambición.

Una idea bien definida

Pékerman ya comentó en Brasil cuál sería el eje sobre el que intentaría hacer girar el fútbol cafetero: «Colombia va a mantener su estilo, su idiosincrasia, teniendo la misma idea. Siempre la idea de Colombia es tratar de tener más tiempo el balón que el rival, concretar sin dejar de ser equilibrado defensivamente. Es lo que nos ha dado resultado».

Suena a la definición que en su día acuñó Arsenio Iglesias: «Orden y talento». Si se alcanza esa armonía, el juego crece exponencialmente.

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