Falta Tiger Woods al Masters y se le añora. Por su prestigio y por el morbo de verle agarrarse al campo ahora que no atravesaba su mejor situación pese a mantenerse como número uno del mundo. Pero que nadie se engañe, el Masters no pierde interés porque destaca como un acontecimiento inmenso por encima de cualquier jugador. Augusta y el British Open son los dos torneos más divertidos para el jugador y el espectador.
Haber alargado tanto el campo en este tipo de greenes eliminó las opciones de ciertos aspirantes. Pero el jugador sigue disfrutando en Augusta. Si el US Open, al dificultar de forma algo artificial el rough alrededor de los greenes y las calles, se vuelve un tormento, el Masters ofrece la posibilidad de recurrir a más golpes alrededor del green. Eso lo disfruta el público y el golfista.
Podríamos hablar de hasta 20 jugadores con opciones serias de ganar el domingo por sus condiciones y su estado de forma. En primer lugar, destacaría a Adam Scott como defensor del título. Entre los antiguos campeones, contaría también con Zach Johnson, alguien que se defiende de maravilla en los segundos tiros y tiene un putt espectacular, y Ángel Cabrera, un veterano que siempre sorprende en Augusta.
Cuentan para estrenar chaqueta verde Rory McIlroy, sobrado de talento y que está mejorando otra vez aunque le faltase algún detalle para ganar, o el otro norirlandés, Graeme McDowell por su capacidad de pelea. O Furyk, o Fowler... También incluyo a Sergio García, que ya no solo juega bien como desde hace 15 años, sino que su cabeza parece suficientemente madura para darnos alegrías en los grandes. El resto de españoles resulta difícil que estén arriba.