Una luz en medio del caos

Raúl Caneda

DEPORTES

El Barça y el Atlético exhibieron ayer sus dos estilos antagónicos: el de un equipo que agrupa jugadores para ser mejor que el rival y el de otro que apila futbolistas para tratar de que el contrario sea peor. Al primero le faltaron patrones de organización y le sobraron actores principales, piezas cuyo protagonismo no se solape una y otra vez como les ocurrió a Neymar y Messi. Antes la maquinaria del Barça estaba diseñada para que el argentino recibiese en superioridad. Había gregarios -de un nivel técnico sobresaliente, por supuesto- que se encargaban de entregarle el balón en la posición idónea para que desequilibrase. La desaparición de Pedro, el secundario por excelencia, ejemplifica como pocas cosas este nuevo tiempo. Hoy, perdido el orden, el equipo es una acumulación de individualidades. Pero en medio de ese caos, el mejor jugador del mundo interpretando el fútbol encendió la luz. Iniesta encontró un destello en medio del desconcierto, ejecutó su enésima genialidad. Y fue impresionante cómo tomó el mando del partido, cómo asumió la responsabilidad. Enfrente, el Atlético de Madrid. Una plantilla volcada en una idea colectiva, y ¡de qué manera!