El récord de los tiempos dorados

Xosé Ramón Castro
X. R. Castro REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

La plusmarca europea de los 1.500 metros en pista cubierta de Andrés Díaz cumple 15 años

19 feb 2014 . Actualizado a las 11:37 h.

Andrés Díaz buscaba el récord de España de 1.500 metros en pista cubierta y tenía el de Europa en las piernas. Fue en Atenas en febrero de 1999. Y quince años después (el lunes 24 se cumple la efeméride) los 3 minutos 33 segundos y 20 centésimas siguen siendo un registro vigente. Nadie en tres lustros ha sido capaz de descabalgar la marca del coruñés. Quizás porque la plusmarca llegó en la época dorada del milqui, la que iniciaron los británicos como Coe y Ovett y completaron los africanos Gebrselassie, Said Aouita y El Guerrouj.

«Cuando un récord dura 15 años es por algo. Demuestra el nivel y la valía de la marca. Te permite compararte con gente de épocas anteriores, para mi fue muy importante superar una marca a Coen, Cram, Ovett, Elliot, que tenía el récord, era gente que para mí eran ídolos. Y ahora, aunque estás retirado y ya no compites, sigues corriendo con gente que sigue atacando tu récord», comenta Andrés Díaz.

Campeón de la distancia en su época como promesa, se había instalado en el 800, hasta que un par de años antes de la gesta decidió volver al 1.500. Aquel invierno de 1999 decidió meterse un buen puñado de kilómetros entre sus piernas para ganar una resistencia de la que carecía en una prueba que combina el sufrimiento con la velocidad. El coruñés enseguida se dio cuenta de su buen momento y escogió a la perfección el calendario invernal. Mínima para el mundial bajo techo de Japón, campeonato de España para conseguir la plaza y una semana antes de viajar a Maebashi se plantó en Atenas. Con Pedro Esteso de liebre y con el récord de España, que tenía Fermín Cacho (3m 35s 29d), en la cabeza. «Sabía que estaba muy bien», recuerda de las sensaciones de la víspera.

Pero no tanto como luego sucedió en la pista. «Teníamos muy bien estructurada la prueba. Salimos al ritmo del récord de España, que era 3.35 en ese momento, en el 1.000 -cuando le soltó la liebre- pasé a 2.23. Íbamos bien de tiempo, apreté en los últimos 500 metros y cuando llegué y vi el crono de pista no me lo creía. Iba por un récord de España y conseguí un récord de Europa», recuerda con nitidez. Acababa de destrozar el registro del británico Peter Elliot (3.34.32), de febrero del año 1990.

Durante el desarrollo de la prueba fue consciente en todo momento de que el récord caería. Por las referencias y por las sensaciones: «En la pista había dos cronómetros, uno en la meta y otro en la zona de los 200, en donde iban los tiempos de paso, y aparte estaba mi mánager cantándome a pie de pista los tiempos, y sobre todo yo me sentía bien, porque iban pasando los metros y la fatiga no llegaba».

Aquella gesta se convirtió en un acontecimiento sin apenas tiempo para las celebraciones. Después de un carrusel de entrevistas y algún acto protocolario a su regreso, tocó aislarse para redondear el éxito en el Mundial bajo techo de Japón. «Tienes la marca, pero no la medalla», le recordó su entrenador Manuel Pascua. Una semana después fue bronce (con la segunda mejor marca europea) en la carrera más rápida de todos los tiempos del 1.500 bajo techo. «Me ganó uno que corría un poquito, Gebrsalassie», recuerda con ironía.

Desde entonces nadie ha sido capaz de arrebatarle el registro. El milqui ha perdido parte de su aura y las nuevas generaciones no han afinado tanto, especialmente en Europa. La gran amenaza para la marca del coruñés llega a través de los africanos nacionalizados.

Y mientras espera la fecha de caducidad de su registro, Andrés Díaz ejerce como entrenador personal, de corredores populares y en un club sin licencias federativas. Para enseñarles el camino.