El gran pastel y la gran manzana

El Metlife Stadium de Nueva Jersey acoge el domingo la final de la NFL entre los Denver Broncos y los Seattle Seahawks


Redacción / La Voz

La Liga profesional de fútbol americano de Estados Unidos (NFL) mantiene un idilio con Nueva York desde la noche de los tiempos. Por eso, para la 48ª edición de la final del campeonato, la Super Bowl entre los Denver Broncos y los Seattle Seahawks (00.30h, en la madrugada del domingo al lunes) ha preparado un homenaje a la Gran Manzana haciéndole partícipe del gigantesco pastel económico en el que se ha convertido un partido al que asisten 110 millones de espectadores y genera 25 millones de tuits. Incluso hay quien asegura que si ganan los Seahawks, el índice bursátil Down Jones subirá.

Aunque el Metlife Stadium no está en Manhattan sino en Nueva Jersey, el estado vecino, la NFL se ha empeñado en aprovechar el tirón de la Gran Manzana para bautizar el binomio como Super City. Hasta ha intentado salpimentar las horas previas bautizando el enfrentamiento con la paradoja clásica «¿Qué pasaría si una fuerza imparable chocara contra un objeto inamovible?». Pues bien, la fuerza imparable es el demoledor ataque de los Broncos (récord de touchdowns en una temporada y en un partido y de número de yardas en una campaña) y el objeto inamovible es la férrea defensa de los Seahawks (con Richard Sherman, el jugador con más intercepciones; y Marshaw Lynch, un running back especialista en romper placajes).

En Denver, el nombre propio es el quarterback Peyton Manning (una Super Bowl en su palmarés), hermano de Eli, también líder del ataque de los New York Giants y con dos títulos en el bolsillo. Otro factor clave será el clima. El Metlife Stadium (aforo de 82.500 espectadores) podría aparecer nevado o helado. Es descubierto y se esperan cuarto grados bajo cero para la hora del partido.

Más allá de lo que suceda en el césped sintético, el espectáculo paralelo a la Super Bowl atrae a los que están dispuestos a pagar entre mil y 19.000 euros por una entrada. Y a los que se quedan fuera y lo disfrutan desde casa.

Las compañías que desean anunciarse durante el partido se gastan una media de diez millones de euros por anuncio, tres de los cuales son para pagar los 30 segundos de duración de la pieza publicitaria. Este año, la estrella será un David Beckham en calzoncillos para la firma textil H&M, que le pagó un millón de euros por este trabajo.

La cervecera Budweiser ha disfrazado para la ocasión a Arnold Schwarzenegger de jugador d ping pong con peluca estilo McEnroe. Y Carmen Electra representará a Volkswagen.

Pero nada comparable a la versión del himno nacional que cantará la estrella de la ópera Renee Fleming o al concierto del descanso, a cargo de Bruno Mars y Red Hot Chili Peppers.

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