Acabo de ver pasar el ataud con los restos mortales de Eusebio. Es un momento histórico para mi país. Me llamo Antonio Barroso, tengo 44 años, soy periodista deportivo y no vi jugar a Eusebio en directo. Pero todos los hombres y mujeres de mi generación nos conocemos cada palmo de vida de Eusebio. Sus goles más importantes. Sus gestos más famosos. Porque era único, en todos los sentidos. Las banderas portuguesas llevan horas a media asta, así estarán los tres próximos días. Ante su féretro cientos de personas le han gritado «Eusebio, Eusebio», al ritmo que lo hacían antaño desde la grada. Y le han cantado el himno de Portugal. Porque Eusebio era Portugal. Su muerte supone la desaparición de una referencia de todos los niños. Volvamos a esas imágenes grabadas en la retina de todos los portugeses. Me emociono especialmente con una del Mundial de Inglaterra de 1966. Eusebio ordenaba apretar los dientes y luchar después de marcar el primer gol de Portugal ante Corea, que ya nos había marcado tres. Y Eusebio haría cuatro goles en ese partido para acabar ganando. Allí conseguiríamos la mejor clasificación de nuestra historia mundialista, terceros.
Nacimos recordando aquellas imágenes en blanco y negro, como el gol a la famosa Araña Negra en el partido de consolación de aquel Mundial. Portugal es Eusebio, Fátima y Amalia. Los tres ejes de nuestra nación: el fútbol, el fado y la fe. Amalia murió hace once años y el país sintió el mismo dolor que sentimos ahora. Porque hace muchos años, si llegabas a Australia y decías que eras portugués lo primero que oías era: «Eusebio».
Déjenme concluir con una anécdota que ayudará a incrementar si cabe la leyenda de la Pantera Negra. En el Mundial de México 86 Portugal perdió ante Polonia por un gol de Smoralek. Veinte años después, otros polaco con el mismo nombre nos volvió a ganar en un partido para la fase de clasificación de la Eurocopa. Se llamaba Eusebio Smoralek y era hijo de quien nos había derrotado en 1986. Su padre explicó entonces que no podía haber elegido otro nombre para la persona a la que más quería. Porque Eusebio era el futbolista al que más admiraba.