Dépor y Lugo fueron fieles a la idea de juego que Fernando Vázquez y Setién han impuesto
01 dic 2013 . Actualizado a las 18:11 h.El fútbol no es un discurso unívoco; tampoco admite verdades absolutas. Varía el camino, aunque el objetivo siempre sea siempre el mismo. El derbi del Norte no deparó sorpresas en ese aspecto. Dépor y Lugo respondieron al discurso que Fernando Vázquez ha adoptado en esta campaña y al que Quique Setién ha mantenido durante toda su carrera. Un choque de estilos, un duelo intenso y entretenido al que solo el faltó el picante del gol.
Si algo hay que agradecerle a Setién, además de haber puesto los cimientos deportivos de un proyecto ejemplar, es que el estilo es innegociable. Aunque varíen los protagonistas, cree el técnico cántabro que siempre se puede jugar de forma vistosa. Así lo trató de hacer ayer en Lugo. En su primera visita liguera a Riazor después de 39 años, su equipo saltó al campo sin los complejos de otros visitantes ilustres. Ni el escenario ni el líder variaron un ápice su intención. Imperial Pita -Riazor le despidió con una ovación- y bregador Seoane, entre ambos diluyeron a un Juan Domínguez extrañamente ausente.
Si el Lugo responde a los principios innegociables de su técnico, al apoyo constante, a la búsqueda del pase, el Dépor se mueve mejor con las intenciones, con la sensación de que en cualquier momento puede abrir un partido cerrado. Otro fútbol es posible, aseguró hace unos días el técnico del Getafe, Luis García, cuando recordó que la llegada de Simeone había puesto en duda la dictadura del tiqui taca. Cada uno juega a lo que puede, y el Dépor actual es un alumno aplicado de la sensatez, del aprovechamiento de los recursos y del pragmatismo sobre el césped. Por eso Riazor no se desesperó cuando el Lugo tocaba y tocaba como si estuviera en el patio de su casa.
La máquina de Vázquez
Sin mimbres para controlar el partido con el balón y con una plantilla muy justa, Fernando Vázquez ha construido una máquina táctica perfecta: sabe cuando y donde debe presionar, elige el momento de ponerle una marcha más o una menos al partido. No necesita atosigar para provocar el pavor en el rival; basta con que Culio -omnipresente, incluso a veces en exceso- salga airoso de un cuerpo a cuerpo, esconda el balón a un par de rivales y lance a Luis Fernández. Al delantero de Burela le sobró movilidad y desmarque en la medida en la que le faltó pegada. Pero él, como Culio, Ínsua, Marchena o Bergantiños, son los mejores aliados de Fernando Vázquez. Como Pita y Seoane, de Setién.