Mosquera cumple su sueño

Dejó A Coruña con 12 años, se crio en el Madrid y guía al Getafe a Europa


redacción / la voz

El Getafe baila al ritmo de Pedro Mosquera (A Coruña, 1988), un talentoso mediocentro que dejó su casa con 12 años y se ha pasado media vida en pos de un sueño. Ahora, con 25, acaba de cumplirlo. Se ha convertido en futbolista de Primera y comanda un equipo con otros tres jugadores gallegos (Diego Castro, Borja Fernández y Roberto Lago) que ha abierto la temporada a un punto de la Champions. «Ahora queda consolidarse, porque si es duro llegar, aún más consolidarse. Me gustaría seguir la temporada en esta línea. Si es Europa, mejor y si no, a por la permanencia. Y en el plano personal, quiero aportar el máximo y si es con un gol...», se ríe.

Su historia es de supervivencia. «Desde que empecé en el Madrid, o antes en el Galicia Gaiteira [un modesto coruñés], o en el Dépor prácticamente no queda nadie de la gente que empezó conmigo y eso demuestra lo difícil que es llegar hasta donde estoy», afirma muy serio. Eso sí, asegura que en Madrid nunca le tocó sufrir el deseo de volver a casa. «Sobre todo porque mis padres siempre me dijeron que lo primero eran los estudios. Yo tenía condiciones, pero fui a Madrid porque iba a un buen colegio, un colegio privado con muy buenas ideas y educación. Iba a estudiar y con el fútbol a ver lo que pasaba, pero poco a poco esta parte se fue haciendo más grande», explica. Subió la dura escalera de los canteranos y pisó la tierra prometida de la Primera División en el 2010, poco antes de su cumpleaños, de la mano de Pellegrini, precisamente contra el Getafe, donde recaló solo unos meses después.

El fútbol estuvo a punto de arrastrarlo hace tres temporadas, cuando fichó por su actual club y se pasó seis meses en la grada, pero Mosquera demostró ser un superviviente. «Tenía 23 años, el equipo iba colista y tenías que ver a gente en el equipo que, en tu opinión, creías que tú estabas entrenando mejor que ellos y no lo considerabas justo. Prefería ir a una categoría inferior que acomodarme en Primera y ver los partidos desde la grada», señala.

Hasta el éxito actual se pasó la última temporada y media en el Castilla, primero en Segunda B, para subir juntos a la categoría de plata y aún ayudarle en la permanencia la pasada campaña. «Nadie me aseguraba ni el ascenso, ni que fuera a ser titular, ni nada. Me lo tuve que ganar, igual que siempre. Me ha servido, no para ser más humilde, que creo que siempre he sido bastante, sino sobre todo para valorar más las cosas, para valorar cada entrenamiento, para entender que siempre hay que dar el máximo. Porque esta categoría está llena de jugadores que te pueden comer la tostada. Además, me siento más futbolista», afirma.

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