Una tarea obligada


España tiene una cita con la historia. Dejar este equipo a la altura de la mítica URSS de los 70, con 3 europeos consecutivos. Parte entre el trío de favoritas, junto a las clásicas Francia y Grecia. Pero si llega el triunfo, es difícil ponerlo en el haber de la generación de oro del baloncesto nacional, porque solo hay un representante. Germán Gabriel. Eso es lo que queda de la generación del 80 en esta selección de Orenga. Mumbrú y Calderón son pre y post a ese número mágico del baloncesto nacional. Una selección inmaculada en la preparación que arranca en cierto modo, ante una pequeña trampa. El calendario del grupo C, donde se ubica, resulta inquietante.

Todo girará en torno a Marc Gasol. El faro, la guía, la referencia. El momento NBA de Sergio Rodríguez es de un brillo a los ojos apasionante. Algo que engancha a los pequeños ante el televisor. La sal de la ensalada. Pero España necesita ser constante, correr como arma fundamental y que el cuatro titular (Claver/Aguilar, no me ha quedado claro quién debe asumir ese rol en la previa) alcance el nivel extraordinario del grupo. Eso, a pesar de las ausencias de Zipi y Zape? que volverán en el 2014.

Partimos hoy frente a Croacia. Un conjunto mayúsculo en nombres. Un país que será la actual España a poco que esa fábrica creada a partir de la generación del 94 en el minúsculo país adriático, evite egos y estupideces a la hora de ponerse la camisola balcánica. Un tercio de su plantel milita en España (Tomic, Delas, Rudez y Draper), otro tercio tiene pasado e incluso formación española (Ukic,Simon, Bogdanovic y Zoric) y los restantes (Markota y Saric) fueron suspiros en la época dorada económicamente de nuestro alicaído baloncesto.

Y el Europeo B, así calificado por muchos ante las más de 50 ausencias de notables y sobresalientes en este campeonato, debería ser cosa de galos, griegos y paisanos (les blues, los guerreros y la Ñ). El podio debería incluir al menos un par de ellos dentro de dos semanas. El objetivo es ver el 22 de septiembre a España nuevamente en busca del oro, que no el de Moscú, sino el de Ljubljana, nombre difícil de escribir y pronunciar pero con un amor por el baloncesto que se siente por todos los costados. Incluso nada más aterrizar en Eslovenia.

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