El vigués Jorge Casales, que acaba de conquistar el Mundial de Trial júnior, se subió a una moto a los dos años y con 18 ya ha ganado seis títulos
03 sep 2013 . Actualizado a las 11:39 h.Su padre le regaló unas botas cuando todavía calzaba patucos en la cuna. A los dos años ya tenía su primera moto (con ruedines especiales), de 50 centímetros cúbidos, a los seis comenzó a entrenar en el monte cada fin de semana, con apenas nueve ganó la primera carrera y con 18 recién cumplidos acaba de proclamarse campeón del mundo júnior de trial. La historia de precocidad del vigués Jorge Casales no coge de sorpresa a quienes le conocen. Desde muy pequeño su dominio de la moto anunciaba que algo grande estaba en camino. Y eso que todavía no ha tenido edad ni tiempo material para sacarse el carné.
«Con cuatro años tenía una moto de 50 y ya se veía que tenía algo especial. El padre le había montado en la finca de casa un medio circuito y ya saltaba, derrapaba... lo suyo era algo anunciado desde pequeñito», recuerda Ángel Leirós, un clásico del trial en Galicia y amigo personal de padre del nuevo campeón mundial.
El campo de operaciones
El Monte da Serra en Sárdoma, el Galiñeiro los fines de semana y Belesar en Baiona fueron su campo de operaciones. Hasta allí se iba con su padre y con Antonio Alfonso, piloto vigués y uno de sus primeros consejeros y mochileros. «Es muy insistente, hasta que le salían las cosas no paraba nunca». La adicción al trabajo es una constante destacada por todos sus conocidos. «Tiene un gran espíritu de sacrificio», apunta Leirós. «Solo piensa y vive para el trial, pone el 100 % en todo lo que hace», sentencia Jorge Arjones, el hombre que le abrió las puertas del equipo Gas Gas, su marca de toda la vida.
Su madre, Elena Carrasco, pone un ejemplo palmario: «Con 10 años en el colegido le pidieron a su clase que hiciesen una redacción y todos hablaron de Supermán menos él, que escribió de una moto que le habían regalado y había estrenado. Me llamó el psicólogo». Le respondió como se merecía la ocasión.
Un año antes de aquel percance ya había comenzado a ganar. Fue en Palencia en el 2005. Todo lo que corrió lo ganó. Después llegaron en cascada los seis títulos que adornan su palmarés: Cadete, juvenil, júnior, TR2, Europeo y Mundial. «Jorge nunca repitió una categoría, por edad podía, pero ganaba y lo dejaba».
Sacrificios familiares
Cinco de estos seis trofeos fueron conseguidos de un modo artesanal. Con sacrificios familiares (la madre dedicándose a la logística y el padre acompañándolo a todas partes aún a costa de perder horas de trabajo). El sexto, bajo el manto del profesionalismo. «Yo puse mi grano de arena, pero él lleva toda la vida con Gas Gas, es la moto que le gusta», apunta Arjones, que desvela que la idea de la marca a la que representa en Vigo era hacerse con el cetro júnior un año después. Jorge se adelantó «porque es muy fino conduciendo, es tranquilo y al mismo tiempo agresivo».
También un precursor. «Es técnico y espectacular, con un estilo moderno propio del trial sin», apunta Alfonso. Y al mismo tiempo un autodidacta, porque sin referentes en Galicia se hartó de ver vídeos de trial en su ordenador.
Por encima, con un margen de mejora tan grande que en un par de años puede estar luchando por el título absoluto.