La tarde agosteña invitaba más a la cerveza y al baño, que a presenciar un partido de fútbol, aunque este fuese el debut del Lugo en su segunda comparecencia consecutiva en la Liga Adelante, batiendo sus mejores registros de seis décadas de historia, ante un rival con un dilatado caché para un club de una ciudad tan pequeña y que ya goza de un currículo envidiable: cuatro temporadas en Primera y trece en Segunda. Frente a ese palmarés, el Lugo está escribiendo el suyo en clave de récord y abierto a mejorar; pero eso está por ver y a mí me asaltó una razonable duda de cara al futuro inmediato: el equipo de Setién estuvo lejos de su mejor versión, en cuanto a juego y resultado. Sobre todo, en el aspecto ofensivo. La pretemporada dicen que no es indicativo de nada. Sin embargo, algo dejó claro: apenas hay pólvora arriba. Para colmo, la sorpresa negativa para coadyuvar en esta disyuntiva nos la topamos de narices los asistentes al Anxo Carro: Rennella, el media punta con más calidad y olfato de gol, cedido por el Betis, no podía jugar porque su tránsfer de Italia no había llegado. Mouriz se apresuró a explicarme que era culpa del cierre vacacional de la federación transalpina. Si el jugador llegó hace ya un mes, tampoco se entiende el retraso. Pero así se escribió esta historia rocambolesca del debut. Para acabar de agravar el problema de la delantera, llegó un desahuciado económico y se permitió el lujo de limpiarle al Lugo al segundo delantero que ya tenía apalabrado: Borja Bastón. La ley del cachondeo sigue apoyando a los morosos frente a los que, por ahora, cumplen escrupulosamente.
El partido tampoco fue ningún dechado de virtudes, aunque Lugo y Numancia superaron con nota sus montajes defensivos. Anquela confesaba su miedo a perder al final, y su equipo acabó perdiendo tiempo en los saques. Señal de que el Lugo había contado con las oportunidades más claras entre las escasas que hubo repartidas. Pero ni Pablo Álvarez, primero, ni Sandaza después, por partida doble, supieron ponerla dentro. Sobre todo, en el caso del nuevo ariete, bastante lento y con poco remate. Sí, en cambio, mostraron llegada dos de los nuevos, Álvaro Peña (omnipresente y moviendo con criterio el cuero), y Pablo Sánchez, en el último tramo, cuando el Lugo logró sus mejores minutos. Los anteriores en ambos períodos hasta su ecuador fueron del Numancia, un equipo con calidad individual y rocoso atrás. Setién también tomó sus precauciones, y los laterales apenas subieron salvo al final, por eso no hubo desborde por fuera. El Lugo supo cerrar como nunca sus espacios atrás, juntando mucho las líneas. Pero le faltó llegada y remate. Con un poco de este, hubiese ganado.