¿Optimista compulsivo o ingenuo desinformado? Sobran las palabras y faltan explicaciones, pero en la complicada situación que atraviesa el Deportivo solo una parte parece cumplir escrupulosamente con su cometido. Desde luego, no Lendoiro, al que en esta ocasión su conocida táctica de dejar que se pudran los problemas hasta que sean otros los que tomen la iniciativa parece que le va a dejar más al descubierto que nunca; tampoco a la secretaría técnica de un club que, al margen de la renovación de Lux, cinco semanas después de finalizar la temporada pasada ha sido incapaz de cerrar alguna incorporación. Un panorama desolador. Fernando Vázquez ha comenzado la pretemporada bajo mínimos, con la plantilla a medias, con varios jugadores con la maleta preparada y otros esperando que antes de que acabe el mes de julio se resuelvan las deudas de la campañas pasadas. A estas alturas, incluso sería incapaz de organizar una pachanga en condiciones, salvo que Aythami ejerciera de interior izquierdo y Aranzubia recuperara el olfato goleador que exhibió en el estadio de los Juegos del Mediterráneo.
Demasiados palos en la rueda; el último, las restricciones económicas a la cantera, justo en el momento en el que el discurso se vuelve hacia los más jóvenes. Y aún puede ser peor: a una semana de comenzar la concentración, los termómetros baten todos los registros en Ferreira de Pantón, precisamente el lugar elegido para cargar pilas.
Nada ha cambiado con respecto al tramo final de la temporada pasada. Entonces, su llegada renovó la ilusión. Ejerció de entrenador en el terreno de juego y de motivador fuera. En su ausencia nadie ha sido capaz de elaborar un discurso mínimamente positivo o de trazar una hoja de ruta creíble. El panorama que se ha encontrado a su regreso no ha erosionado la moral de Fernando Vázquez. Ha asumido la pérdida de jugadores con contratos inasumibles, ha descartado a otros y ha renovado su apuesta por la cantera. Pese a todos, el técnico ha arrancado la pretemporada de forma exigente y se ha mostrado convencido de la supervivencia del club: «Es imposible matar esto». Él sí está poniendo todo lo que está en sus manos.
Y no renuncia al ascenso. ¿Quién da más por menos?