Cuando Manuel Pablo aseguraba ayer que el comienzo de la pretemporada diseñada por Fernando Vázquez «está siendo más fuerte que otras veces», olvidaba un precedente que en su momento llegó a provocar las quejas (en voz baja, eso sí) de los jugadores.
Joaquín Caparrós aterrizó en el Deportivo con el látigo y sometió a sus pupilos a intensísimas jornadas de trabajo, tanto en su primer año, en el que no hubo concentración de precampaña, como en el segundo, cuando Isla Canela se convirtió en una odisea.
El preparador de Utrera hizo famosas sus triples sesiones. La primera se celebraba a las siete y media de la mañana y consistía en una hora de gimnasio después de que los futbolistas apenas tuvieran tiempo de tomar un café. A continuación llegaba el desayuno y, a las 10.30 una sesión casi exclusivamente física. La táctica, por la tarde.
En la visita a Huelva los jugadores todavía sufrieron otra vuelta de tuerca. Se hizo habitual que pasaran a rociarse con espray antimosquitos para protegerse de la plaga de insectos que acompañaba al terrible calor. Por las mañanas no faltaban tampoco los entrenamientos en la playa, con agotadoras carreras en el agua para fortalecer las extremidades.
Doble práctica desde el lunes
Será difícil que este verano se repita ese castigo sobre la arena, pero a cambio Monforte garantiza unas altas temperaturas que amenazan con dejar en ridículo el calor de ayer en Abegondo, donde al menos corre el viento.
La plantilla ya sabe que antes del desplazamiento a tierras lucenses podrá seguir abriendo boca con una semana que promete. La que empieza mañana y que acogerá dobles sesiones de lunes a sábado (ambos días incluidos) y con el domingo como único día libre. En principio el comienzo está fijado para las 9.30 de la mañana, pero el técnico no descarta adelantar todavía más las citas si el calor sigue apretando.