El serbio aspira a borrar la imagen negativa de su país que se ha esparcido por todo el mundo
22 may 2013 . Actualizado a las 12:24 h.Fama, éxito, dinero, reconocimiento deportivo: no hay prácticamente nada que se le resista a Novak Djokovic. O quizás sí, quizás haya algo que al serbio le sigue haciendo ruido, un tema que no deja de molestarlo: la imagen internacional de su país. «Lo que veo es que la prensa viene siendo muy negativa hacia Serbia desde hace 20 años», dice. La conversación transcurrió en Montecarlo, torneo que Djokovic conquistó este año por primera vez en su carrera, una muy buena señal ante su meta de ser campeón en Roland Garros, el único torneo de Grand Slam que se le resiste aún. Luego tropezaría prematuramente en Madrid y Roma, pero París se mantiene como gran objetivo para Djokovic.
Serbia está permanentemente en el centro de las preocupaciones de un Djokovic que mañana cumplirá 26 años, pero que de niño vivió la Guerra de los Balcanes y quedó marcado. Si el tema es su país, al número uno del mundo se le adivina un torrente de adrenalina no muy lejano al que le brota en una final de Grand Slam.
- Años atrás usted conducía un Mini Cooper rojo por las calles de Montecarlo, aparcó el coche y se sentó con un grupo de periodistas a hablar de fútbol. No era aún una gran estrella. ¿Qué queda de ese Djokovic hoy?
-Intento ser la misma persona, aunque la vida obviamente me haya puesto ante nuevos desafíos y experiencias. Estoy comprometido y dedicado a este deporte que tanto amo. Tengo que ser responsable ante tanto éxito, pero la base es la misma, porque tengo a mi familia y los mismos amigos. Nunca debes olvidar de dónde vienes y las experiencias que tuviste de niño. Eso es lo que me permite mantenerme con los pies en la tierra. Y, por cierto: sigo teniendo aquel Mini rojo. Fue el regalo que recibí tras ganar en el 2008 mi primer Grand Slam, el Abierto de Australia, y con mi familia decidimos que no lo venderíamos.
-¿No hay momentos en los que quiera esconderse y dejar de ser una estrella?
-Hacer lo que hago es una bendición. Hay mucha gente en todo el mundo, gente de mi generación que amaría estar en el lugar que estoy, y soy consciente de eso. Pero claro que hay momentos en los que me gustaría tener algo más de privacidad.
-¿Cuán grande fue, al inicio de su carrera, la presión por demostrar que Serbia tenía también un lado bueno?
- Yo era joven, y me tomó tiempo entender la seriedad de la situación en mi país, en especial tras la guerra. Hubo muchos problemas económicos y políticos en Serbia en los últimos diez años, el estándar es muy bajo y la gente sufre. Como en cualquier lugar del mundo, aunque muy especialmente en Serbia, porque es un país marcado por la guerra. Por eso intento representar a Serbia de la mejor manera posible, demostrar que tiene muchas cosas positivas que ofrecer, no sólo negativas. Pero es un proceso, claro, y yo no puedo ser el único que influya en ese sentido, se necesita más gente. Lo puedo hacer jugando la Copa Davis, pero también hablando de los valores reales y positivos que Serbia ofrece. Lo que veo es que la prensa viene siendo muy negativa hacia Serbia desde hace 20 años.
Cuando se habla de Serbia, el principal objetivo de la prensa es el lado negativo. La violencia, los criminales, todas esas cosas. No estoy de acuerdo con eso, y quiero cambiarlo.
-¿Sintió alguna vez la presión, por el hecho de venir de Serbia, de ser incluso más simpático y agradable de lo que naturalmente sería?
-Es una buena pregunta, porque recuerdo cuando viajaba con mi padre jugando torneos juveniles por el mundo. La mayoría de las veces, cuando decíamos de dónde veníamos, la gente se ponía muy cautelosa y tenía cuidado con nosotros. Era una sensación que me parecía muy fea. Porque no considero que nadie deba tener prejuicios sobre la gente, dependiendo de dónde venga o de cuál es su religión.