Los ángeles custodios del Beluso

Pablo Penedo / Álex Méndez VILAGARCÍA, PONTEVEDRA / LA VOZ

DEPORTES

El delegado del equipo de Bueu agradeció 24 horas después en Mosteiro al delegado y el aficionado del club local que le salvaron la vida con un masaje cardíaco en medio de una gran tangana

30 abr 2013 . Actualizado a las 14:43 h.

Los milagros existen. O al menos hay desenlaces de sucesos que se les parecen mucho. Como el final feliz que el pasado domingo vivía el delegado del Beluso, Santiago Álvarez, después de moverse al borde de la desgracia en un partido interrumpido en el minuto 73 por una monumental tangana a raíz del intercambio de agresiones de dos jugadores, y en la que recibió una patada en la cabeza. El encuentro de Segunda Autonómica entre Mosteiro (Meis) y Beluso ya no se reanudaría, y Álvarez acabaría pasando la noche en el Hospital de Montecelo, a donde fue trasladado tras ser reanimado por dos veces. Primero por el masajista del Mosteiro, José Manuel Iglesias, Pastor, con cánula de Guedel de por medio para evitar su atragantamiento; y nada más reincorporarse, todavía aturdido, por su primer salvador y un aficionado local. Jacobo Mouriño, que solo 24 horas antes había completado un curso básico de Protección Civil, con su capítulo de primeros auxilios incluído, y que junto a Pastor tuvo que aplicarle un masaje cardíaco a Álvarez tras no hallarle pulso durante algo menos de un minuto.

Ayer los tres se reencontraron en el lugar de los hechos, hasta donde quiso desplazarse Santiago Álvarez para agradecerles el auxilio a sus dos ángeles custodios. Como tales, de hecho, no se acordaba, al hallarse sin sentido o desorientado cuando lo atendieron. «Aquí teñen un amigo», les dijo a sus salvadores.

Un susto imborrable

Álvarez tardará mucho tiempo en olvidar el susto sufrido. Después de pasar toda la noche en observación hospitalaria, hasta que recibió el alta a las seis de la mañana tras someterse a varias pruebas para descartar una lesión cerebral, el delegado del Beluso recordaba ayer lo sucedido. Al iniciarse la tangana «salí a separalos e fumos contra a valla, e entón foi cando sentín o golpe», cuenta. Una patada en la cabeza. Entonces se dirigió a la grada para pedir explicaciones al agresor que, dice, «se o miro hoxe, sei quen é». Pero «entre algunha xente e a súa muller impedíronme acercarme. Entón foi cando caín, e quedei inconsciente». Le estaba dando un ataque epiléptico. «Hacía máis de 10 anos que non sufrira un». Pero es que en Mosteiro se estaba viviendo una batalla campal, sin más damnificados, en el campo y en la grada.

Delante de Álvarez, en el escenario del suceso, Pastor y Mouriño rechazaban ayer la etiqueta de héroes tras auxiliarlo nada más se dieron cuenta de la gravedad de la situación entre el desconcierto general. «Iso é algo que nin pensas. Sáeche por inercia. Hoxe por ti, mañá por min», dice el masajista. «Se eu estivera no chan, é o que agardaría que fixesen por min», dice un Jacobo que desvela que «pasei moi mala noite». Preocupado por Santiago, pero sobre todo, «por ver que a xente seguía co rifirrafe do partido sen prestarlle atención».