El Lugo no pudo desplegar su fútbol habitual frente al Alcorcón. En una primera mitad sin prácticamente ocasiones para los rojiblancos, los madrileños mostraron su aptitud táctica, capacidad para nublar líneas de pase y disposición para capturar los balones divididos. Los lucenses estuvieron espesos, la pelota no circuló fluida y no hallaron espacios en las juntas líneas de un aspirante al ascenso. Aparecieron los errores defensivos, noticia en una retaguardia local que presume, con datos, de ser superior a aspirantes a Primera División. Los menos habituales como Víctor Díaz y Javi Rey carecieron del ritmo necesario y alternaron acciones positivas con negativas. Sus credenciales las conocemos, por lo que hay motivos para creer en ellos. Un cabezazo del primero en un perfecto movimiento en el aire pudo suponer el empate. El caminar con la cabeza siempre erguida del segundo muestra con un simple y testimonial gesto un modo de entender el fútbol. Los atacantes recibieron el balón en condiciones complicadas. Óscar Díaz intervino siempre muy alejado del área. Airam aportó aperturas a banda y cabeceó cerca de la red la primera de las dos ocasiones claras del Lugo. Con el equipo volcado, el Alcorcón no estuvo ágil ni lúcido en unas contras donde aparecía siempre la casta del capitán para aparecer en ambos campos en pleno correcalles. También meritoria la entrada de Pavón en una trama desfavorable y José Juan, que no tuvo que intervenir en ocasiones rivales, pero sí mostró un rasgo que le hace diferente: su juego de pies.