Adam Scott se resarce en el Masters

El primer australiano en vencer en Augusta enmienda su debacle en el último Open Británico


Redacción

Casi todo sucede en el hoyo 18 de Augusta National. En apenas unos minutos, los dos jugadores que se disputan el Masters dejan un par de detalles de enorme clase. El australiano Adam Scott, 32 años, todavía sin grandes en su vitrina, busca el primer triunfo en el torneo para la gran potencia a la que representa. Imagina un putt de ocho metros, lo emboca y estalla de alegría como si hubiera ganado el título. Mientras camina eufórico hacia la casa club para firmar su tarjeta de 69 golpes (para 279, -3, en total), a unos 200 metros Ángel Cabrera, abuelo de 43 años, argentino, ganador de la chaqueta verde en el 2009, vencedor de dos grandes, pide un poco de silencio para poder concentrarse. Necesita pegar un golpe soberbio desde la calle que le permita embocar en el siguiente. Solo así forzaría un desempate. Y lo hace con un tirazo magnífico que deja su bola a apenas un metro de la bandera. En el play off, igualan en el 18, se van al 10, y allí levanta los brazos Scott.

El título se decide en un puñado de golpes de máxima tensión. Al lado de Cabrera camina su hijo Ángel, cargando los palos, ofreciendo conversación y atendiendo a sus confidencias. Junto a Scott avanza con paso firme Steve Williams, que había acompañado como cadi a Tiger Woods en 13 de sus 14 grandes. Ambos juegan los tres primeros golpes en el 18 casi calcados. Y allí empatan al firmar el par.

El pulso sigue en el hoyo 10. Scott la rompe con la madera 3 y Cabrera, con músculo de sobra, elige el hierro 3 porque se siente más cómodo y hace una salida muy similar. Tras el tercer golpe, el título se juega en putts de seis metros. Al argentino se le va por centímetros, y al australiano lo lleva al éxtasis.

Scott había empezado la última jornada a dos golpes de Cabrera y el estadounidense Brandt Snedeker. Y después del bogey del primer hoyo, encadenó cuatro birdies en momentos decisivos.

Scott, segundo en la edición del 2011, no solo concede a Australia su primer Masters, sino que ajusta cuentas a nivel personal. Porque el pasado verano protagonizó un colapso histórico en el Open Británico, al desperdiciar en los cuatro últimos hoyos cuatro golpes de ventaja como líder.

«Es increíble verme en esta situación», resumió Scott ya ganador, poco antes de ponerse la chaqueta verde. «Tuve oportunidades para hacerme con el título. Pero Adam es un justo ganador. Es una gran persona y se lo merece», concluyó Cabrera, elegante en la derrota.

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