El joven púgil compagina el salto al profesionalismo con la formación profesional
20 mar 2013 . Actualizado a las 06:59 h.Alberto Piñeiro, el Piña, como es conocido en el mundo del boxeo, prepara el salto al profesionalismo. Compagina horas de dedicación, dobles sesiones, con un ciclo superior de formación profesional de Auxiliar administrativo. Golpes en el ring, codos en la mesa de estudio y una meta fijada: ponerse al nivel de los mejores de España en un plazo de dos años, y optar a títulos.
Alberto, a sus 23 años, es la demostración de que los tópicos alrededor del boxeo no son más que eso, construcciones anacrónicas. «Los gimnasios están cada vez más llenos, y una vez sales del ring, somos todos amigos -dice-. Aunque yo tengo claro que lo primero es formarme, es de lo que voy a vivir». Este curso retomó los estudios, y marcha al día con las notas, pese a llegar a clase, en A Piringalla, a primera hora, después de completar la primera sesión del entrenamiento, eminentemente física. Antes compaginaba el deporte con un trabajo de panadero, «de cinco de la mañana a dos de la tarde». E incluso preparó oposiciones a Policía.
Claro que, cuando habla de su deporte, se le iluminan los ojos, como al recordar su última pelea amateur: «En Portugal, contra el campeón del país, el combate más bonito de mi vida». O al comentar el trabajo detrás de cada envite, la disección técnica del rival, la repetición de los golpes, las combinaciones, hasta alcanzar la perfección: «Hay mucho estudio detrás, y es una parte muy bonita, los movimientos, el estar una semana repasando una serie y ver que en la pelea sale bordado...».
Ser muy estricto
«En este deporte hay que ser muy estricto, muy fuerte psicológicamente», define Alberto. Como estudiar, pues para los libros encuentra tiempo después de clase cada día, antes de volver a meterse otras tres horas en el gimnasio, o ir a A Coruña o a Sada, donde hacer guantes contra sparrings que le permitan subir el nivel.
Alberto Piñeiro Boxeador