La victoria de la SD Chantada ante el Club Lemos en el derbi del domingo ha apretado un poco más la zona baja de la clasificación del grupo norte de la Preferente Autonómica. Con el 0-1, el equipo que prepara Óscar Méndez se mantiene en la lucha por la permanencia, mientras que los monfortinos perdieron una gran oportunidad para dar un paso de gigante por mantenerse.
Las sensaciones que dejó el partido del domingo son distintas en uno y otro banquillo. El entrenador del Lemos, Míchel, se mostró contrariado por la forma en la que se produjo la derrota y por la imagen que ofrecieron sus futbolistas. «Hicimos un partido desastroso. Parecía que el Chantada se jugaba tres puntos importantes y nosotros no», indicó el entrenador.
El preparador soberino fue más allá y señaló: «Los futbolistas jugaron sin intensidad, con cierta apatía y con desorden. Cada uno quiso hacer la guerra por su cuenta, y así es difícil competir y lograr rápido los objetivos».
Míchel admitió estar preocupado, porque no entiende como el equipo pudo cambiar tanto desde que ganó al Viveiro -hace nueve días-. «Hablaré con los futbolistas, porque no entiendo este cambio en tan solo siete días y que demos dos caras totalmente diferentes», comentó.
La lectura fue totalmente distinta por parte de los responsables técnicos de la SD Chantada. El segundo entrenador, Perry, dijo: «La victoria fue justa, porque nosotros pusimos más que el Lemos para ganar. Sabíamos que solo nos valían los tres puntos, por lo que salimos mucho más enchufados que ellos».
El preparador monfortino consideró clave la imagen que ofrecieron los futbolistas de O Sangoñedo como equipo. «En eso también superamos al Lemos, equipo en el que dio la sensación que primaron las individualidades», señaló.
Al final del encuentro, la afición de la SD Chantada despidió sus jugadores con aplausos, mostrando su agradecimiento por el esfuerzo que realizaron, y conscientes de que aún mantienen intactas sus opciones de permanencia.
Insultos
Por lo que respecta a los aficionados locales, la resignación y el enfado fueron las notas dominantes. Al final del choque un grupo de seguidores insultó al entrenador a su entrada a los vestuarios, circunstancia que molestó a Míchel. «Entiendo el enfado de los aficionados y que protesten, pero no admito el insulto», comentó.