«Más que miedo, sientes respeto por el mar, mucho», explica la deportista del Club Naval
18 feb 2013 . Actualizado a las 06:00 h.Con 12 años, y tras acabar Sexto de Primaria con buenas notas, su madre le regaló un curso de vela. Así empezó todo para Iria López, regatista de éxito del Club Naval de Regatas de Ferrol. Luego encontró en el snipe su clase preferida, aún antes de la mayoría de edad. «Probé en 420, pero me decanté por el snipe porque en el norte de Galicia tiene la flota más abundante».
-¿Cómo empezó a navegar con Fernando Tajuelo? Su entendimiento será clave.
-Yo había dejado de navegar con otra persona, y él no tenía tripulante para una regata. Así empezamos. Llevamos tres años. Y ambos somos bastante tranquilos y existentes. Como proel, soy sus ojos en la parte de delante, y le tengo que decir vientos, roles, si la gente tiene más o menos vientos, si pasamos a alguien...
-¿Tiene algún secreto a la hora de leer los vientos?
-Llevamos un compás por si varía de dirección, pero las rachas las tienes que ver sobre el agua. Con los años, sabes que si el agua está más oscura, es que entra una racha.
-Compatibiliza la vela con sus estudios de Ingeniería Industrial. ¿Le gustaría dedicarse más a fondo y ver hasta dónde puede llegar?
-Nunca me lo planteé. Sería interesante. Conozco de vista a las chicas que fueron a los Juegos, [Támara Echegoyen y Sofía Toro, oro en match race], y me alegré de que ganaran. Lo merecen porque la vela requiere mucho trabajo en el agua.
-¿Con qué ría de la zona se queda para regatear?
-Cada ría tiene su gracia para la vela. Hay que conocerlas. La de Coruña tiene ola, la de Ferrol ofrece muchas peculiaridades, vientos un poco raros por la gasificadora y la zona de los astilleros, y las corrientes influyen, y en la de Ares, aunque no navegué muchas veces, no hay corrientes y no tiene grandes olas.
-Hábleme de la ría de Ferrol.
-Tiene su parte buena y la mala. No tiene ola, que si el barco cabecea quita velocidad, pero cuenta con el problema de las corrientes. Resulta decisivo saber si sube o baja la marea para elegir el bordo que vas a tomar. Y por viento está bien, aunque los domingos se tome vacaciones. Es curioso.
-¿Ha llegado a vivir situaciones de miedo dentro del barco?
-Más que miedo, sientes respeto por el mar, mucho. La regata que más miedo me dio, entre comillas, fue mi primera Copa de España en Santander en el 2010. Un día tuvimos vientos de 36 nudos y solo salieron al agua unos 20 de los 80 barcos inscritos. En teoría, con más de 25 nudos no se da la salida. La organización aseguraba que había 12, pero el anemómetro marcaba 36. Vimos timones y palos rotos, velas estiradas... Una locura. Intentamos hacer la salida, pero ya volcamos y nos fuimos a tierra antes de que nos pasase algo. Solo siguió en el agua la gente que se jugaba algo importante. En días así, sí sientes miedo al ver hasta seis barcos volcados en una boya. Siempre recordaré ese día por lo que puede hacer el mar.
-¿Hasta qué punto uno depende de un buen barco en la vela?
-En el snipe, las normas de mediciones son muy claras y no hay esas diferencias. Quizá puede haber matices por la forma de las velas, la tensión del palo, el peso de la tripulación. Aunque no resulta tan decisivo. En otras clases sí cuenta más la ingeniería.
-¿Cómo recuerda aquel cuarto puesto en una de las pruebas del Campeonato de España de snipe en Gijón?
-Sentí una felicidad enorme. Verte en la salida con toda la flota detrás impresiona mucho. Porque compites contra gente que ganó Campeonatos del Mundo y de Europa, como Rayco Tabares, Nano Negrín, Gustavo del Castillo o el brasileño Alexandre Tinoco, al que dejaron participar.
-¿Qué reto tiene para el futuro?
-Me gustaría clasificarme para un Europeo con Fernando Tajuelo. Con trabajo lo podemos conseguir, y es una espinita que tenemos los dos clavada. Pero es caro. De hecho este año no iremos a la Copa ni al Campeonato de España por los gastos tan altos que supone.
«Me gustaría ir a un Europeo con Fernando Tajuelo. Con trabajo lo podemos lograr»