Héroe nacional y ejemplo de superación, hasta ayer


A Coruña

Seis oros, una plata y un bronce en tres Juegos Paralímpicos diferentes. Una plata en un Mundial. Pero, sobre todo, un ejemplo de superación. Vive sin piernas desde los once meses de edad, amputadas como consecuencia de una hemimelia peronea, es decir, una ausencia o acortamiento congénito del peroné. A pesar de ello, se convirtió en el primer atleta discapacitado que participar en unos Juegos Olímpicos, lo que le elevó a la categoría de mito del deporte, a héroe nacional.

Oscar Pistorius (Sandton, Sudáfrica, 1986) es, para los cronistas deportivos locales Blade Runner, el que corría en el filo de la navaja, apodo que evocaba tanto a sus prótesis transtibiales de fibra de carbono como a la película dirigida por Ridley Scott en 1982. Ahora parece más justificado que nunca.

Precisamente, los elementos de los que se valía para competir fueron objeto de tal controversia que su afán por participar junto a los atletas no discapacitados llegó al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Finalmente, pudo participar en el Mundial de Daegu en el 2011, pero el hito de su carrera fue la cita olímpica del pasado verano en Londres, donde corrió la semifinal de los 400 metros y fue abanderado sudafricano en la clausura. Todavía muchos especialistas en la materia sostienen que las prótesis le otorgan cierta ventaja a Pistorius a la hora de competir.

El atletismo fue el leit motiv de la existencia de Pistorius. Tal era su deseo de convencer al TAS que se autoproclamó representante de todos los atletas con discapacidad. «Este recurso no es sólo para mí, sino para todos los atletas discapacitados, que se merecen la oportunidad de competir al más alto nivel si nuestro cuerpo nos permite hacerlo», dijo. Él mismo, con 16 años, ocultaba sus prótesis con pantalones largos para correr al lado de sus compañeros de preparación física.

Fue mucho después de haberse tatuado en la espalda su principio vital, tomado de una cita de la Carta a los Corintios (9 26-27): «Así, yo corro, pero no sin saber a dónde; peleo, no como el que da golpes en el aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado». Bajo esas premisas, incluso antes de estar escritas en su piel, pudo superar con quince años el fallecimiento de su madre de origen italiano y emplearse en disciplinas como el waterpolo, tenis y rugbi.

Más allá del deporte, Oscar Pistorius se aficionó a las armas de fuego, alguna de las cuales fue intervenida en su domicilio en un registro el año pasado. A pesar de ello, el atleta dijo practicar tiro «solo de vez en cuando, si no se puede conciliar el sueño».

Protagonizó también ciertos hechos que nunca terminaron de aclararse. Como el que ahora recuerdan muchos de sus detractores y sucedido en el año 2009, cuando fue juzgado por agresión, después de haber golpeado a una mujer con una puerta. Ya en aquella ocasión, su familia sostuvo que se había tratado de un accidente.

No cupo la menor duda de que sí lo fue el acontecido en el año 2008. Su embarcación se estrelló contra el muelle de un río al sur de Johannesburgo y Pistorius se fracturó la mandíbula y dos costillas y recibió 172 puntos de sutura.

Reeva Steenkamp

Oscar Pistorius era una celebridad mundial, pero su fallecida novia no le iba a la zaga dentro de las fronteras de Sudáfrica. Reeva Steenkamp (Ciudad del Cabo, 1983) se licenció en Derecho por la Universidad Nelson Mandel, pero pronto se hizo un nombre en el mundo de la moda y la publicidad. Portada de FHM e imagen de firmas como Avon, Toyota y ZUI, su notoriedad pública era máxima y precisamente mañana se iba a estrenar en la televisión estatal SABC el primer capítulo del programa de telerrealidad Tropika Island of Treasure 5, algo así como la isla de los famosos.

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