Los coruñeses superaron al Melilla (81-72), recuperando su mejor juego y sus mejores sensaciones
15 dic 2012 . Actualizado a las 18:15 h.Seis semanas. Es lo que tuvieron que esperar los jugadores del Leyma Básquet Coruña para volver a celebrar una victoria. Los coruñeses superaron ayer al Melilla (81-72), recuperando además su mejor juego y sus mejores sensaciones.
La clave estuvo en la intensa defensa local, en muchas fases en cancha contraria. Solo la falta de acierto en los dos primeros cuartos permitió al Melilla mantenerse igualado en el marcador. El equipo de Antonio Herrera rompió el partido en el tercer parcial, tan pronto mejoró su porcentaje de tiro.
El inicio de partido fue espectacular, con los dos equipos mostrando su artillería exterior. Afloraron los francotiradores: tres triples locales (dos de Suka y otro de Román) y tres visitantes (dos de Manzano y uno de Sánchez). Una igualdad que se trasladó al marcador al término del primer parcial (20-20).
Mucho más trabado fue el segundo cuarto. El Básquet Coruña defendió bien, sobretodo sorprendiendo con esa presión a toda cancha, pero le faltó algo de precisión de cara al aro rival para poder abrir brecha en el marcador (9 de 25 en tiros de dos en los primeros 20 minutos). Quizás influyó que Zengotitabengoa se cargara de faltas y jugase menos de lo habitual (solo 11 minutos en el intermedio).
Al descanso, los coruñeses ganaban de cuatro (38-34), con Pablo Almazán (10 puntos) en estado de gracia. El equipo de Herrera estaba dominando el rebote (21-15) y controlaba las pérdidas (solo 6), principal lacra en el último partido en Alicante.
El anhelado acierto aparecería en el arranque de tercer cuarto para encarrilar el encuentro. Un parcial de salida de 10-0 permitió al Básquet Coruña irse doce arriba (48-34), la máxima renta de lo que iba de partido. Diferencia que siguió aumentando y que llegaría a alcanzar los veinte puntos, pero que se recortó hasta los quince (64-49) por culpa de las manidas pérdidas de balón (cinco en los minutos finales del tercer cuarto).
Los naranjas dieron alas a su rival y el Melilla se le subió a las barbas. Los norteafricanos plantaron una defensa zonal 2-3 que atragantó a los locales y se metieron en el partido con un 0-7 de salida que apretó el marcador (64-56).
Era una cuestión de ritmo. De recuperarlo. De espabilar. De ahí que Antonio Herrera pidiera un tiempo muerto en el que dejó toda su voz para abroncar a los suyos. Herrerina que surtió efecto, porque a partir de entonces el Básquet Coruña volvió a ponerse las pilas para cerrar el partido.