El mejor Dani Mallo capitanea un Girona en progresión
05 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando M, la jefa del servicio secreto británico, le pidió en Quantum of Solace a James Bond que volviese a la acción tras una oscura travesía en el desierto, 007 le espetó: «Nunca me he ido».
De la misma manera que el superagente inglés, Dani Mallo (Cambre, 1979) nunca se fue. Siempre estuvo en el imaginario futbolístico de la mayoría de los gallegos. Por eso, no sorprende su irrupción al frente de un Girona al alza, instalado en el podio de la Segunda División. Su actuación del sábado ante el Murcia pasará a los anales de la historia del club gerundense.
En el momento más dulce de su carrera deportiva, seis años después de decir adiós al Deportivo, club que lo vio crecer, el guardameta gallego saborea las mieles tras haber experimentado las hieles. «He pasado tantos años sufriendo en el fútbol, que ahora disfruto de cada domingo», argumenta para no hacer planes más allá de una semana.
Lo dice el hombre que a pesar de presenciar cuatro de los seis títulos de su Dépor del alma, soportó estoico y con gran dolor de corazón una vida a la sombra de Molina, cesión al Elche incluida.
Hubo de emigrar y el Sporting de Braga portugués fue una montaña rusa. En tres años brindó actuaciones memorables, se vio relegado al banquillo por un Paulo Santos sin bagaje e incluso fue apartado del equipo sin razón aparente. Pero el chaval que idolatraba a Arconada gracias a la camiseta que le regaló su abuela Lola no se dio por vencido.
Imbuido por el espíritu celta encontró en el Falkirk escocés su segundo hogar. Aquellos seis meses también fueron atípicos. Fue santo y seña de la lucha por la permanencia, y no solo la logró sino que el equipo se clasificó por primera vez en su historia para una competición europea como subcampeón de Copa.
Regreso a España
Dani Mallo decidió cerrar su ciclo y fichó por el Girona. Era el año 2009. Ahora es el capitán y tras lidiar con graves episodios de impago la pasada campaña, disfruta del buen momento. «Me conozco y sé que cuando me han dado oportunidad, he cumplido. Esa es mi fuerza. El apoyo de mis compañeros, mi orgullo», explica.
«Del mismo modo que fue muy duro cuando estaba en Portugal y la gente me preguntaba si me había retirado, ahora es indescriptible la alegría que me da que mi hijo me llame para felicitarme», resume. De los contrastes, deduce la moraleja: «Hay que ser humildes y cautos. Si el año pasado sufrimos para salvarnos, este año el objetivo tiene que ser la permanencia. Después, ya se verá».
Con excelente relación con otros metas como Ian Mackay hace patria: «No es por nada, pero hay muchos porteros gallegos de calidad. La base de un portero es la mecanización de movimientos, y eso requiere trabajo. Y el gallego es trabajador y constante por naturaleza».