Percusionista de carrera, tocó en varios grupos y también enseña
21 oct 2012 . Actualizado a las 06:00 h.A la batería, el lateral derecho del Racing. Rubén Comesaña (Vigo, 1985), músico profesional a punto de licenciarse en el grado superior, defiende la banda de A Malata. Hasta que dejó el Alondras, se multiplicaba estudiando Percusión en el Conservatorio de Vigo, dando clases al mismo tiempo en las escuelas de Porriño y Bembrive, e involucrándose en grupos folk y pop-rock. También enseña, compone y viaja. Este año, tras aceptar la oferta de Ferrol, dedica las mañanas «a estudiar». Es decir, a tocar y tocar para sacar adelante su última asignatura y afrontar el concierto final, el equivalente al proyecto de fin de carrera.
Rubén lamenta no haber terminado el curso pasado sus estudios tras los 14 años mínimos obligatorios en el Conservatorio de Vigo -cuatro de grado elemental, seis del medio y otros cuatro del superior-. Allí entró con 13. Siempre compatibilizó la música y el fútbol, y fue quemando etapas arropado por sus padres: «Sin su apoyo, siempre conmigo de un lado para otro, me habría sido imposible».
Tópicos y realidades
«En el vestuario se creen que la percusión es darle al bombo, la pandereta y el triángulo, pero yo siempre digo que el alma de un grupo son los buenos baterista y bajistas, la parte clave», comenta en el Conservatorio de Ferrol, rodeado por una batería, una marimba y tres timbales.
Con seis años, Comesaña empezó a jugar al fútbol, y con 9 entró en A Buxaina, vivero de música tradicional en Vigo: «Tocaba el tambor». Al mismo tiempo que fue creciendo en el conservatorio, pasó por las bandas de música de Vigo y alrededores. Desde los 18, fue dando clases en las escuelas de las de Coruxo, Moaña, Porriño y Bembrive.
Luego el futuro lateral del Racing se adentró en el folk y participó en Baydheson, un proyecto de nueve músicos en el que durante cuatro años hizo de todo -percusión, congas, bajo...- y hasta compuso varios temas. Luego tocó pop-rock con Código Zero, dándolo todo también al piano.
En su casa en Vigo tiene batería y ensaya sin problemas, algo difícil en el piso que comparte en Ferrol con el punta del Racing Manu Barreiro, donde molestaría a los vecinos. Allí solo practica percusión de mano. Además, resulta imposible tener todo el material para estudiar a su nivel en casa. «Solo cada uno de los tres timbales cuesta tres o cuatro mil euros», explica el lateral, con ampollas en la mano derecha por el agarre de la baqueta de la marimba.
En el futuro, o cuando se acabe su cuerda para el fútbol, le gustaría dar clases en una escuela de música o en un conservatorio: «Algo ligado a la percusión». En los tres años anteriores participó ya en los conciertos didácticos que organizaba por diversos puntos de Galicia Carmen Losada para la antigua Caixanova.
De Berrogüetto a Maná
¿Y sus espejos, sus influencias? «Siempre estuve ligado al folk», explica antes de citar como referencias Berrogüetto y Luar na Lubre. También le impacta el arte de Álex González, a la percusión del grupo mexicano Maná.
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