«Lograr el reto te llena mucho y al mismo tiempo te deja un poco vacío», matiza el canoísta
10 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.A David Cal (Vilariño, Hío, Cangas, 1982), el edificio principal de la Royal Holloway University of London, donde se ubica la villa olímpica de piragüismo, le recuerda a la estética de Harry Potter. Aunque no había podido dar siquiera el paseo de 500 metros hacia ese bello edificio del XIX hasta que logró su medalla. Hasta ayer solo pensaba en entrenar y competir, vendados los ojos a otras joyas de Egham, en el condado de Surrey, 50 kilómetros al oeste de Londres. Pasada la emoción del primer momento, hace un primer balance. «Sienta muy bien conseguir los objetivos que llevas cuatro años buscando. Lograr el reto te llena mucho y al mismo tiempo te deja un poco vacío. Después de esto ya no hay mucho más que buscar. Eso me pasó con la primera medalla olímpica. Al lograr un oro, ya no hay nada más por encima. Estoy contento y al mismo tiempo vacío», explica.
-¿En algún momento se llegó a inquietar al verse séptimo? ¿O la situación estaba bajo control?
-Ahí debes tener sangre fría aunque los rivales se marchen. Algunos salen rápido y no llegan al final. Yo creía que llevaba un buen ritmo. Quedaba seguir tirando para adelante. No puedes cebarte con los otros. Poco a poco fui cogiendo ritmo, encontrando mejores sensaciones y recuperando posiciones.
-Después de ese tremendo esfuerzo, habrá devorado algo contundente en la comida.
-Pues comí una ensalada, arroz y unas salchichas raras. No me apetecía nada en particular. Tocó eso. Por la noche sí quería hincharme a jamón en la Casa de España.
-Ya sabe que en Galicia se montó un buen tinglado para seguir su carrera.
-Sí, en Cangas, en Aldán, en Hío, en toda esa zona, sobre todo. Es donde más le llega a la gente porque soy de allí.
-Antes de Atenas 2004, Galicia sumaba cinco medallas, ninguna de oro. Entonces explotó usted, y luego muchos otros. En Londres el balance ya es excelente. Galicia compite fuera con toda la ambición.
-Sí. Los gallegos muchas veces teníamos un cierto complejo de inferioridad, y lo cierto es que en estos últimos años en los Juegos se demostró que desde Galicia se puede hace cualquier cosa, y destacar a nivel mundial en el deporte y en cualquier ámbito. Hace poco leía que Amancio Ortega era el tercer hombre más rico del mundo. Desde hace tiempo, Galicia ya compite sin complejos.
-Le apetece descansar, desconectar, guardar la canoa y hacer un viaje. Tras los Juegos de Pekín, volvió a China. ¿No regresará ahora a Londres?
-Londres no es una ciudad a la que me apetezca venir ahora. (ríe) Igual más adelante. Tengo otras cosas en mente. Aún no sé adonde, pero tocará un viajecito para cambiar de ritmo.
-¿Qué le dijeron sus padres tras la prueba? ¿Cuáles fueron las felicitaciones que más le llenaron?
-Hablé con mi madre a través de dos entrevistas. Estaba muy contenta. Lo que más te llena es el cariño y la atención de la gente más cercana.