Gómez Noya completa el último gran ciclo de preparación en Pontevedra, y los hermanos Brownlee arriesgaron con una concentración en los Alpes
03 ago 2012 . Actualizado a las 20:18 h.El 7 de agosto se reparten las medallas olímpicas de triatlón en Hyde Park, pero la guerra por el podio comenzó hace meses y se libró en la sombra en las cinco últimas semanas. Los tres grandes favoritos eligieron métodos de entrenamiento antagónicos tras la prueba de Kitzbuhel, en la que ganó Alistair Brownlee con 46 segundos de ventaja sobre su hermano Jonathan y un minuto sobre el gallego Javier Gómez Noya, entonces corto de preparación por un virus reciente. Pese al margen de su triunfo, los británicos volvieron a pasar una concentración de cuatro semanas en altura antes de regresar a las islas. Junto a su entrenador, Jack Maitland, y su gregario para los Juegos, Stuart Hayes, apuraron la máquina a 1.800 metros sobre el nivel del mar en la estación de St. Moritz, en los Alpes. Y dormían a 2.500. Mientras, el ferrolano retomó su rutina en Pontevedra.
Después de exhibir una superioridad tan clara, ¿debió Alistair Brownlee concentrarse en altura hasta apenas 15 días antes de la prueba de Londres? Iván Raña, que vivió entrenamientos en altura y coincidió con los británicos en alguna concentración anterior -en este caso al nivel del mar, en Lanzarote-, entiende que corren un cierto riesgo. «Si acaban de ser los mejores con un rendimiento altísimo en Kitzbuhel, no necesitaban cambiar otra marcha. No van a correr ahora el diez mil final a pie de Londres en 27 minutos. Puede haber una mejora mínima, pero también mucho riesgo», explica el ordense, excampeón del mundo.
Gómez Noya siguió su rutina, y buscó el pico de forma que le faltó en Austria a través de entrenamientos en casa y competiciones. Sus sensaciones son óptimas a unos días de viajar a Londres. «Los Brownlee entrenan a intensidades muy altas, y de esa forma en altura hay que tener más cuidado aún. Puedes llegar a meter tanto gas que te pases. A mí me pasó antes de los Juegos de Atenas. Entrené a tope con unos volúmenes tremendos y estaba fortísimo. Pero no calculé bien el descanso, y luego seguía fatigado. En esas condiciones, el cuerpo no responde», añade Raña, que prepara el IronMan de Nueva York.