Que pase el siguiente


En tres tramos podemos dividir la película del partido: un corto thriller, el Imperio Contrataca y el momentazo del aperitivo y la cerveza. Pasamos del sufrimiento a la pasión y de ahí al muermazo. Todo en apenas una hora, el tiempo que llevó digerir la fortaleza australiana, martirizarla con triples y mates, para permitirnos ver el último cuarto de jamón serrano, aceitunas y clarita de verano.

Dio para todo eso y más. Lo mejor, creo, fue ver a Pau Gasol sentado en el banquillo por completo los últimos 10 minutos y que a su vez, ni nos acordáramos de Navarro. Porque hablando de escoltas, brilló Rudy, que ha vuelto. Se está pensando en colocar otro cámara cerca de canasta, para el siguiente partido, para ver si eso era lo que necesitaba el mallorquín. A pesar de que a Helen Lindes la indignó, vía twitter, el coscorrón, que a todo debe estar uno atento.

Los tramos centrales fueron demoledores: un espectacular 49-20 para España parece una pasada ante un equipo tan constante como Australia. Se abrió la lata en el segundo cuarto con triples y por ahí los amarillos, se fueron diluyendo. Entiendo por cierto, que a Reyes le paren en todos los controles. No tiene manos, tiene imanes. Mejor, que alguien explique como con dos metros, se puede seguir jugando a este nivel en la posición de pívot.

La cosa ya se pone clara. Matraca a los ingleses en 48 horas y luego a colocarnos de cara a las medallas. Rusia y Brasil, Brasil y Rusia, pondrán las cosas en su sitio. Ahí será mejor tener lista la artillería. Llevamos dos pasos sencillos. Mucho más de lo esperado en un torneo tan apretado como los Juegos Olímpicos. El asunto sigue pintando bien. Realmente, muy bien.

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