Este problema se hubiese soslayado, quizá, si el Sporting de Gijón se hubiera movido antes en Madrid, pidiendo un árbitro con probada experiencia porque el partido presentaba, de antemano, grandes dificultades. Por lo sucedido después, estoy de acuerdo con Javier Clemente, quien, una vez finalizado el Sporting-Villarreal (2-3) se quejó de que para un compromiso tan decisivo como el que estamos tratando el comité de árbitros eligiese a un joven madrileño, Del Cerro Grande, en lugar de un veterano, porque el partido era vital para uno y otro equipo.
En la rueda de prensa, después de reconocer Javier Clemente la superioridad del Villarreal, mostró su disgusto y desacuerdo por la decisión del árbitro castigando con penalti al equipo asturiano, en una decisión que el técnico de Baracaldo calificó de injusta, puesto que «un árbitro con más oficio no hubiese calificado como castigo máximo».
En la misma noche del partido, Marca TV dedicó varios pases a la jugada entre el asturiano Gregory y Mario Rubén, sin poder llegar los contertulios a la conclusión de que en la pugna cometa penalti el defensor. Esta duda la convirtió en penalti el joven árbitro Del Cerro Grande, decisión que motivó la queja de Clemente que así vio casi cerrado para el Sporting -tras el partido todavía mantenía un hilo de esperanza, puesto que matemáticamente no había descenso- el camino de una posible salvación.
Igual, o muy parecido, a lo sucedido al Deportivo con el penalti del año pasado, en El Molinón, que costaría el descenso coruñés.