El fin y el génesis del Celta

Xosé Ramón Castro
x. r. castro VIGO / LA VOZ

DEPORTES

El debut de un quinteto gallego marca el futuro de la entidad

03 may 2012 . Actualizado a las 11:33 h.

El Celta de baloncesto femenino acabó la temporada más complicada de su historia del modo soñado, con un quinteto gallego y canterano sobre la pista. El objetivo que venía persiguiendo un club que solo tiene ojos para la base desde hace tiempo. El fin. Pero también el génesis. Porque el futuro, incierto por la economía, para por ahí. Por un equipo autóctono, integrado por gente de casa con mínimos retoques foráneos.

«No hay otro camino. Es una apuesta del club y una necesidad», comenta Carlos Colinas, el entrenador y director deportivo de una entidad que pese a salvarse en la cancha no tiene nada claro en dónde estará dentro de unos meses.

Reunir a un quinteto de casa sobre la pista en la máxima competición femenina es el fruto de muchos años. De las cinco, la única que no se formó en Vigo es Sara Gómez, que mamó el baloncesto en el Cortegada. «Es la más veterana, la que tiene más experiencia. Aquí ya llegó con la dinámica de Liga Femenina y para nosotros es una jugadora importante», reconoce su técnico.

Las cuatro restantes respiraron los aires de la Academia celeste desde pequeñitas. Débora Rodríguez es el estandarte, no por su peso dentro de la cancha, sino porque comenzó en el club a los 11 años, pasó por todas las categorías, creció con una cesión en Ourense y de regreso se convirtió en pieza fundamental del vestuario pese a sus pocos minutos. «Su trabajo fuera de la pista es impagable, su compromiso con el equipo es espectacular». Y eso que su trayectoria deportiva ha estado marcada por la generación de Tamara Abalde. Ella era la capitana de aquel Celta júnior que ganó el campeonato de España.

María Centeno, Cristina Loureiro y Marta Canella también son productos caseros. La primera acaba de vivir su primera experiencia en Liga Femenina jugando más de 300 minutos, aunque Colinas espera que de un salto importante en el futuro. «Ha cumplido, pero tiene que seleccionar las cosas buenas de malas en su tipo de juego».

Cristina Loureiro es un año más joven y a ella también le espera el primer equipo. La anotación es su mejor aval -«he visto pocas manos como la suya»-pero necesita otros complementos para convertirse en una jugadora profesional.

A las dos, a María y Cristina, no le vendría mal el punto de madurez de la benjamina. Marta Canella es todo cabeza, abnegación por el trabajo y dedicación para el baloncesto. Ellas son el futuro, sí existe.