Escuchando a Moncho Fernández y a Manolo Vidal es fácil entender un poco más la idiosincrasia del Obradoiro. Hablan del pasado reciente y no tan reciente, y también del futuro, con voz amable y entrañable, buscando siempre el lado dulce. Y, en última instancia, todas sus reflexiones llevan al mismo punto de encuentro, el de la afición.
En su discurso no hay nombres propios, salvo el del equipo. Tampoco hay reivindicaciones, excepto cuando Manolo Vidal recuerda a Mato y a Docobo como abanderados de una causa que parecía perdida. No hay margen para los reproches.
Cuarenta años de historia, la mitad de ellos en el limbro, dan para mucho. Y no han caído en saco roto, porque el Obradoiro supo disfrutar de su reencuentro con la ACB, de su regreso a la élite tras un año en la LEB, y ahora está muy cerca de añadir otra muesca a su trayectoria, la de la permanencia en la Liga Endesa. En eso está poniendo todo su empeño.