El final feliz de Bubba Watson

Paulo Alonso Lois
paulo alonso lois REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

PHIL NOBLE

El ganador del Masters apoya causas sociales tras perder a su padre de cáncer

11 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Tómese por un lado el golf valiente e imaginativo de Bubba Watson, y por otro su historia personal de dolor y esperanza para comprender el final made in Hollywood del Masters de Augusta. Al ataque, como acostumbra, con un swing singularísimo, brindó una última jornada intensa, con deslices y recuperaciones desde posiciones difíciles.

Al límite también cerró su cuarta ronda en el primer grande del año, empatado con diez golpes bajo par con el sudafricano Louis Oosthuizen, otro monstruo que dibujó un segundo golpe imposible desde 240 metros que terminó dentro del hoyo 2, un par 5. El cuarto albatros de la historia del torneo.

En el segundo hoyo de desempate, Watson volvió a desviarse a la derecha, sobre la pinaza. Desde allí, en un golpe ciego sin visión directa del green, dibujó una parábola con efecto endiablado que terminó a tres metros de la bandera y, al final, valió la chaqueta verde. El cañonero que lanza la bola a más de 320 metros, que la mueve a 312 kilómetros por hora, sentenció con un golpe sutil. Su título entierra, en cierto modo, su derrota en el play off del Campeonato del PGA del 2010 ante Martin Kaymer.

La amenaza de su cadi

El triunfo de un zurdo, como en cinco de las últimas once ediciones del Masters, premia a un jugador diferente, que se reinventó en el 2008 gracias a que su cadi, su amigo Ted Scott, amenazó con plantarlo si no se tomaba el golf de una forma más profesional. Vaya si cambió.

Tras el juego de Watson, que ayer saltó del decimosexto al cuarto puesto del ránking mundial, luce su historia. De profunda fe protestante, ingenioso y excéntrico a partes iguales, Gerry Lester Bubba Watson (Bagdad, Florida, 5 de noviembre de 1978) perdió hace algo más de un año a su padre, víctima de un cáncer. En su recuerdo, a esa lucha contra la enfermedad, fue añadiendo detalles de color rosa a su vestimenta, hasta jugar desde enero con un driver de ese tono.

La firma que lo viste destina parte de los ingresos de su línea personal a las fundaciones Fresh Start para sufragar operaciones de niños y a la City of Hope, que investiga contra el cáncer.

Casado con una exbaloncestista profesional que no podía tener hijos, el matrimonio Watson recibió solo unos días antes del inicio del Masters un bebé de un mes en adopción, Caleb.

Así que tras la victoria en Augusta se fundió en abrazos con su círculo más íntimo. Sus amigos golfistas Rickie Fowler, Ben Crane y Hunter Mahan, con los que formó el grupo musical Golf Boys para recaudar dinero para causas sociales, su cadi y su madre. Bañó el triunfo en lágrimas de felicidad. Un final feliz que terminó con una chaqueta verde en su armario.