Aunque sea de pasada, parece obligado hablar del 1-1 de Villarreal, resultado recibido con un comprensible júbilo por el barcelonismo, al tiempo que lleva al madridismo a sentir un temor que creían alejado definitivamente por los 8 puntos de ventaja que tenían sobre el rival azulgrana, conformismo que, si no es censurable, tampoco deja de llamar la atención porque unos y otros son grandes conocedores de las vueltas que da el fútbol en un par de jornadas. Por ejemplo, a Casillas, en los últimos momentos de dos partidos, le marcaron sendos goles que vinieron a significar la pérdida de cuatro puntos, cuando el Madrid ya creía tener ganados esos encuentros. Y todavía faltan diez partidos, 30 puntos, cifra que da pie para hacer cálculos que, según los sentimientos del seguidor que realice las combinaciones, saldrán favorables a su equipo. Nada está resuelto, sobre todo pensando en quién será el ganador de ese Barcelona-Madrid del 22 de abril, la semana siguiente al Celta-Deportivo, encuentro este que tiene sumida en un mar de confusiones a la afición gallega, sorprendida al conocer en los últimos días los problemas que, según se dice, plantearía la presencia en el campo de Balaídos de los seguidores deportivistas.
Un temor que nos resulta increíble, por desconocido. Pero ahí parece estar y, denunciándolo antes, estiman que podrá superarse.