Un rali y tres divisiones

El inicio del Galego refleja los distintos enfoques del mundo del motor


lalín / la voz

En fútbol, hay quien juega en Primera y quien se lo pasa bien en Autonómica. En el mundo de los ralis sucede algo parecido. Un paseo por el parque de trabajo del Rali do Cocido, el primero de la temporada gallega, fue suficiente para ver las «divisiones» que se mueven en el mundo del motor. Entre el más de un centenar de pilotos que tomaron la salida está quien ha logrado convertir su pasión en trabajo, y quien ahorra durante meses para sentir la adrenalina de conducir a 150 kilómetros por hora en carreteras sinuosas atestadas de aficionados.

El vigués Alberto Meira, campeón gallego, regresa esta temporada al circo autonómico. Lo hace con el objetivo de ganar el título al volante de un Mitsubishi EVO X evolucionado que en el mercado superaría muy de largo los 100.000 euros. Problemas mecánicos impidieron que tomara la salida en el Cocido, pero se mantiene en todas las quinielas para el título.

Media docena de mecánicos

Meira es uno de los grandes, y se nota. En su periplo por el Galego le acompañan un camión laboratorio y media docena de mecánicos que se encargan de perfilar un coche que lleva el cuño de Roberto Méndez Competición. A su alrededor todo está milimetrado. Desde las vallas con sus patrocinadores hasta la limpieza de su Mitsubishi. «También se vende una imagen», apunta Álvaro Bañobre, su copiloto, que lleva un control exhaustivo de cada parámetro del coche. Desde la presión de las ruedas a la última gota de la gasolina de competición que usa y que puede superar los cuatro euros el litro. «En carreiras como Lalín, se queres gañar o rali, podes usar oito rodas e uns 140 litros de gasolina», analiza Alberto. Sobre el asfalto, el equipo vigués se exige al máximo, y la preparación mental cuenta mucho. Durante un tiempo trabajaron mano a mano con un psicólogo deportivo, y según Bañobre, se nota.

Aunque Meira es uno de los grandes del Galego, la crisis no le es ajena. Se afana en reducir gastos y esta temporada manejará un presupuesto de unos 60.000 euros. Los patrocinadores de siempre, un equipo humano al pie del cañón y los premios de las propias carreras y las Copas son las vías de financiación. Claro que estos medios, ajustados para quien peleará por el campeonato, son un sueño para muchos otros.

El curioso caso de Carracedo

Javier Martínez Carracedo lleva trece años conduciendo su Renault 5 GT Turbo por las carreteras gallegas. Tiene seis títulos autonómicos -de rali y montaña- del grupo X, y este curso es muy posible que haga todo el Galego. El cuarto puesto que conquistó en el Cocido le ha devuelto las ganas de hacer todo el campeonato. «O sábado saíunos ben a cousa, e se seguimos así e participando en Copas creo que poderemos facer o campionato». Salir en la Copa Pirelli le da cierto margen de maniobra. «Se fas un bo papel pode cubrir gastos, e motívate máis». Hoy por hoy parece la única vía, junto con la mano que pueda echarle algún pequeño patrocinador. «O resto sae do bolsillo», y su afición es cara. Muy cara.

A principio de temporada los equipos deben afrontar unos gastos ineludibles. La licencia vale 300 euros; la del copiloto, 180; el pasaporte del coche, 80; y la licencia de asistencia, 60 más. Además de los gastos y arreglos de los coches y la inscripción en cada rali: otros 330. Quedaría todavía pendiente el seguro.

Los gastos son casi infinitos, y cuando los recursos escasean hay que tirar de imaginación y amigos. En el caso de Carracedo con los años se ha convertido en un experto en mecánica, electricidad y hasta chapa. Sus amigos, especialmente Rubén, le echan una mano en las asistencias, y el resto lo pone el público, que siente adoración por él.

Ahorros para gasolina

El lalinense Álvaro Méndez, de 25 años, es un ejemplo de pasión por el motor. Hace dos años se aventuró a comprar un Peugeot 106 GTI que sigue pagando y con el que salió en el Cocido. Hizo un papelón y acabó vigésimo en la general con David Enríquez como copiloto, que debutaba. Sabe que su afición es cara, pero no duda en destinar sus ahorros al motor. «O que gaño vai para aí; cada vez que poño o casco son feliz».

Competir en un rali puede suponerle unos 800 euros de gasto, de ahí que solo haga tres o cuatro por año. El litro de gasolina ronda los 1,50 euros y en el Cocido tuvo suerte con las ruedas. «Tiña as de mollado do ano pasado», y llovió. Un gasto menos.

Sus amigos y familiares le echan una mano importante. Le acompañan a los ralis y ejercen de asistencia. Su familia tiene una empresa de grúas y eso le permite disponer de un furgón con material mecánico, que siempre viene bien. Eso sí, en el parque de trabajo le toca moverse. En medio de la adrenalina limpia la luna del coche lo mismo que quita la rejilla de luces. No le importa. Sabe que cinco minutos después estará pisando a fondo el acelerador. Recuerda que gente como Meira comenzó como él, rascándose el bolsillo para correr.

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