no nos recuperamos. Es una lástima, pero no llegamos a plantar cara en un partido que llegó demasiado pronto y donde demostramos que a los nuestros solo les valía el oro. Ni jugadores ni cuerpo técnico esgrimían la intensidad necesaria para poner en peligro el buen hacer croata. Siempre a remolque y con demasiados errores no forzados hacían presagiar la debacle final. Por otro lado el público serbio, que podría darnos el empujón anímico, adoptó una postura indiferente y decidió centrarse en el último set que disputaban en Australia el ídolo local Djokovic contra Nadal, cuya victoria sobre el mallorquín supuso, para sorpresa de los jugadores, una ovación de más de un minuto. Unos minutos más tarde vendría la segunda ya que ganaban la final del campeonato de Europa de waterpolo. Los daneses no les dejaron redondear el día.
En el partido por el bronce solo cabría destacar a Sarmiento, al que algunos echaron de menos durante mucho tiempo en la semifinal, que decidió demostrar a todos que sus hombros podían con la responsabilidad, incluso en los peores momentos. Buen momento para mostrarle al seleccionador que debe ser un fijo para Londres.
La defensa, el mejor arma
Durante el campeonato la selección española tuvo un comportamiento en progresiva mejora. La defensa, en cualquiera de sus acepciones y utilizada con versatilidad, supuso nuestra mejor arma para reducir el impacto de nuestras carencias en otras fases del juego. No es casualidad que a Virán Morros le concediesen el reconocimiento como mejor defensor del torneo. Sin embargo, tenemos lagunas que merman nuestras prestaciones para aspirar al oro. La portería es clave y deben detener lo parable y alguna que otra imparable. Es decir, porcentajes por encima del 35% solo parecen alcanzables para Sterbik (un serbio nacionalizado). Por otro lado, necesitamos lanzamiento exterior, tenemos abundancia de centrales pero carecemos de un diestro capaz de acertar desde los nueve metros. Mientras no lo resolvamos, el oro olímpico parece imposible; quizás hayamos perdido otra oportunidad de trabajar con algún lateral izquierdo nato.
La dirección técnica estuvo impecable durante las dos primeras fases. Planteamientos previos que se demostraron acertados, equilibrando esfuerzos y, cuando nada salía, asumiendo riesgos en las decisiones. En los dos últimos partidos el uso del tiempo muerto, para cortar rachas y serenar, debe hacerse antes. Cuatro o cinco goles es demasiado. Son los jugadores los que materializan los planes y estos sin Alberto Entrerríos y Cañellas hacían imposible la misión.
Igualdad y calidad
Este Mundial fue de una gran calidad e igualdad. Ninguna novedad táctica, juego estructurado y uso generalizado de la defensa 6:0 entre los primeros clasificados, excepto el 5:1 de España y Croacia. Dinamarca se expresa a través de su portero Landin y el martillo del brazo de Hansen. Nuestro Landin lo podemos tener, nos falta el martillo.
Juan J. Fernández es profesor del INEF y vicepresidente de la Asociación de Entrenadores