Nadal convierte a Federer en terrenal

El español aplaca el soberbio inicio del suizo y alcanza la final de Melbourne con un juego genial


redacción / la voz

Ningún otro tenista consigue, como Rafa Nadal, convertir a Roger Federer en terrenal. Su última demostración en el clásico, que ya domina por 18 victorias a 9, llegó ayer en la pista rápida de Melbourne, teórico terreno del suizo. El español controla todos los resortes para desactivar el tenis artístico del genio de Basilea. Se declara inferior cono primer paso para hacerle frente, calca el plan preconcebido de enviar bolas altas al revés del rival, incorpora detalles al libreto y vuelve a sorprender al monstruo de los 16 títulos del Grand Slam. Vence por 6-7, 6-2, 7-6 y 6-4, y el domingo por la mañana jugará la final del Open de Australia contra el vencedor del duelo de hoy entre Novak Djokovic y Andy Murray (Canal + Deportes y Eurosport, 9.30).

El mejor Federer de los dos últimos años, que encadena 25 victorias seguidas, abre el partido como el intocable genio que aplastó a Nadal hace dos meses en la Copa de Maestros de Londres. Luchar con ese jugador inspirado, igualar la pegada del gigante, es lo más parecido a pelear contra molinos de viento. Un imposible. Así que el español, que pierde por 4-1 de salida, aguarda tranquilo. Lo admitió después, con elegancia y humildad: «Empezó tirando bombas, golpes ganadores, por todos lados. Hay momentos contra él en los que no puedes hacer nada, y solo te queda mirar, observar y esperar. Luego ya igualé, y podía pasar cualquier cosa».

Nadal se mete en el partido en los juegos de su servicio, más eficaz, más solvente, más variado. Y luego desafía a su rival íntimo, el de los diez duelos en grand slams (ocho a dos el parcial para el español). En su festival merecen capítulo aparte sus passing shots desde todas las posiciones, pero especialmente con derechas imposibles, haciendo de la red campo minado.

Errores bastante forzados

En ese duelo, que ya se discute de igual a igual, Federer salva en el tie-break el primer set, su gran opción para construir un triunfo corto ante el rey de los partidos largos. Y rompe en blanco el servicio de Nadal en el inicio del segundo. El español responde de la misma forma, y avanza en su propuesta agresiva del 2012. A esa actitud valiente se debe la espiral de fallos del suizo, cuyos 46 golpes ganadores no compensan sus 63 errores no forzados, frente al balance de 36/34 del mallorquín.

Con 5-2 para el español, el juego se interrumpe por el espectáculo de fuegos artificiales del día de Australia. Tras el parón, enchufadísimo, Nadal encadena 11 puntos seguidos, a caballo entre el segundo y el tercer set, que terminará ganando en el tie-break. Pese a sus altibajos, pese a sus lapsus de genio disperso, Federer llega a servir con 4-3 a su favor en el cuarto. El mallorquín resiste, gana, ruge y se sabe de vuelta. Tanto que hasta se permite una broma a pie de pista: «Murray debería jugar un poco más agresivo para ganar a Djokovic, pero creo que no soy el más indicado para dar consejos cuando llevo seis derrotas seguidas contra él». El domingo lo espera su decimoquinta final de un grande.

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