Ayer tocaba el partido que más odian los jugadores. Con el objetivo conseguido, los jugadores se pasan al modo económico, ya sea consciente o inconscientemente. Pesan más el dolor de los golpes y el cansancio acumulado después de concentraciones y partidos. El debate previo, si es mejor quedar primero o segundo, se convierte en el mejor indicativo de la relajación existente; pero una selección que se precie no especula con ello. Cualquiera que llegue hasta este punto de la competición no es fruto de la casualidad. Serbia, por ser la anfitriona, ejercería una presión emocional inmensa mientras que Dinamarca tendrá tantos apoyos externos como podamos tener nosotros. Sin duda, pasará a la final el que realice el mejor balonmano. Dejemos que serbios y croatas arreglen sus diferencias balonmanísticas entre ellos.
Ganamos para demostrar y seguir demostrándonos que sabemos ganar en este europeo en toda clase de circunstancias. El cuerpo técnico protegió a los que más minutos habían acumulado y a los que arrastraban molestias. Esto hizo que se resintiese toda nuestra estructura, pero manteniendo siempre el control del partido. La sensación es que ganaron cuando quisieron. Unos minutos a tope y a recuperarse.
Ahora tenemos casi dos días para preparar la revancha de la semifinal del pasado campeonato del mundo.
Juan J. Fernández es profesor del INEF y vicepresidente de la Asociación de Entrenadores