Nadal, ante la paradoja Federer

La Voz

DEPORTES

22 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Si se le ve jugar, si se le escucha tras los partidos, si se atiende a su lenguaje corporal, Roger Federer da señales de estar en un gran momento. Y es así, aunque la paradoja es que su templada serenidad contrasta con un año en el que sufrió como nunca.

«A veces suceden tantas cosas al mismo tiempo que, simplemente, necesito escaparme», explicó en Londres el ex número uno del mundo para justificar las largas pausas que hace en el circuito. «Y tengo una familia», añadió el hombre que hoy se enfrentará, en la vigésimo sexta edición del clásico de los clásicos del tenis, al español Rafael Nadal (Teledeporte, 21.00).

A sus 30 años, Federer es todo un cabeza de familia. Suizo, al fin, le gusta tener todo organizado y aprovechar el tiempo al máximo, aunque no pueda impedir imprevistos, como que una de sus gemelas lo despierte a las cuatro de la mañana, horas antes de la final de París-Bercy.

Pero Federer siempre es Federer. Entra al estadio con gesto serio, saluda a su público, deja el bolso y la raqueta en el piso y lo primero que hace es ocuparse de los dos toallones que lleva. Dobla uno y lo pone sobre el banco, dobla otro y convierte en más mullido el respaldo. Partido tras partido, año tras año.

Esas rutinas son clave en la historia de un jugador que casi no se lesiona. En parte porque juega fácil, sin el esfuerzo y la torsión exagerada a la que apelan tantos. También por una extraordinaria movilidad, un juego de piernas sólido.

«Es muy rápido. A veces piensas que tienes el punto y Roger sigue ahí», explica Jo-Wilfried Tsonga. El físico moldeado por Pierre Paganini se mantiene firme, y los golpes también. Pero por primera vez desde el 2002 cerrará un año sin añadir un título a su lista de 16 grand slams. Si el físico y los golpes funcionan, la grieta que debilitó al Federer monolítico de hace años debe estar en su mentalidad.

Sobraron ejemplos en un 2011 que lo vio solo tres veces campeón: desde los cuartos de final de Wimbledon que perdió con Tsonga tras tener una ventaja de dos sets a cero, hasta la semifinal del US Open que le entregó a Novak Djokovic con dos match points a favor.

El domingo lo siguió en la grada su archirrival Nadal, el hombre que le venció 17 de las 25 veces que se cruzaron. No es común que las estrellas sigan a sus rivales. Suelen hacerlo por televisión, pero el español admira demasiado a Federer, no se cansa de estudiar su juego. Le impacta el hecho de que esté buscando su centésima final en el circuito y su sexto título en el Masters, un torneo que él aún no pudo ganar.

«Él es mejor jugador que yo sobre esta superficie», destaca Nadal, que perdió la final del Masters 2010 con el suizo y que solo ganó tres títulos este año. «Mucha gente pierde el tiempo hablando de que Federer está en el final, y yo llevo tiempo diciendo que no es así», considera contundente el mallorquín.