serio y práctico, pero con más intención que brillantez, el Dépor se acercó un poco más a lo que se reclama de un de favorito al ascenso. La derrota hubiera metido en un lío a Oltra, pero su equipo reaccionó como debía. Buscó el partido en el inicio y redujo el poco fútbol del Córdoba a un ejercicio de impotencia. Pese a las dudas que suscita la primera media hora del segundo tiempo, cuando el cuadro coruñés perdió el control de la situación y permitió una peligrosa ida y vuelta, el Dépor buscó a su rival en su campo mientras le duró el fuelle, no le concedió más ventaja que las tarjetas que vieron tres de sus cuatro defensas y creó las ocasiones suficientes como haber decidido el partido antes del minuto ochenta.
Y un par de buenas noticias: el trabajo para el equipo de Riki se vio recompensado con su primer gol de la temporada en la Liga y el Dépor puede sobrevivir incluso con un Valerón discreto. El delantero desperdició tres ocasiones claras, pero a su favor tiene su generoso esfuerzo y que acertó con la portería un par de minutos antes de que Lassad le diera el relevo. El canario, con una presencia más testimonial que efectiva, no se encontró nunca cómodo y apenas participó del juego; eso sí, sigue teniendo el merecido respeto de los aficionados.
Solo el futuro más inmediato aclarará si la imposibilidad de dosificar al equipo -tres partidos en ocho días- puede pasar factura. Con el entrenador en su sitio -el banquillo, a pie de césped-, el Dépor no perdió el orden y, por primera vez lejos de Riazor, dejó su puerta a cero. El fútbol es otro asunto, aunque a veces, como ayer, si el juego no es brillante lo inteligente es apostar por el pragmatismo.