El mundo es una almendra. En este paradójico escenario, el centro son las neozelandesas antípodas y los de negro lo tienen claro. Ganarán ellos. Los All Blacks se merecen su segunda Copa del Mundo y colarse, con ella, en el Olimpo junto a los bicampeones Australia y Sudáfrica. Como era de esperar, el XV del Gallo discrepa.
La selección francesa ha faltado a los valores del rugbi especulando con los resultados y los cruces en la primera fase como hizo su homónima de baloncesto en el Eurobasket y se empeña en autodestruirse al estilo de la de fútbol en el Mundial de Sudáfrica. Aún con esas, subcampeona en dos ocasiones (1987 y 1999), ha tumbado sin miramientos a la única europea con el título en sus vitrinas (Inglaterra) y, sobre todo, se merendó a Nueva Zelanda en los cuartos de final hace cuatro años.
Hoy, desde las diez de la mañana (retransmitido en directo por Canal + Deportes y a las seis y media de la tarde en diferido por Sportmanía), se cierra en Eden Park un ciclo que se inició hace casi un cuarto de siglo en ese mismo estadio de Auckland y contra el mismo rival galo. Entonces, Nueva Zelanda alimentó con la copa Webb Ellis su mito como equipo de referencia en la historia del rugbi. Solo la falta de competitividad de los All Blacks en determinadas ocasiones (como precisamente en el último Mundial) les ha privado de ejercer una tiranía incontestable.
Francia, por su parte, acude alejada del rugbi champagne que ejerció con tanto honor y sumida en el caos más absoluto generado por el seleccionador Marc Lievremont y sus caprichosos jugadores, pero con la solidez que le solía caracteriza en los momentos decisivos. Olvidados los tropiezos ante Italia en el Seis Naciones y frente a Tonga en la fase de grupos de este campeonato, el XV del Gallo tomó buena nota del enfrentamiento en la liguilla contra Nueva Zelanda.
En aquella ocasión, a los franceses les interesó perder, por aquello de los cruces. Claro que, de las cincuenta y un veces que se enfrentaron a Nueva Zelanda, solo pudieron ganar doce.
Pero hoy, tras la Haka maorí, será el norte contra el sur. El juego a la mano, los drops, las aperturas y las apreturas bleus; frente a una delantera que es una apisonadora, rugbiers de casi dos metros que podrían ser velocistas. Y que además juegan en casa.
Por eso, vestirán de negro, a pesar de haber perdido el sorteo de la final y figurar, oficialmente, como visitantes, lo que les privaría de su característica indumentaria completamente negra. Fiel al espíritu del rugbi, el mánager de la selección francesa, Jo Maso, cedió el privilegio de elegir equipación «como muestra de respeto por la bienvenida de las gentes de Nueva Zelanda, las atenciones de las organización y el honor y el placer que supondrá disputar la final del Mundial 2011 en el legendario estadio de Eden Park».
Con Dan Carter fuera por lesión a mitad de torneo, habrá que estar atentos a los neozelandeses Richie McCaw, Weepu y Ma?a Nonu, y a los franceses Imanol Harinordoquy, Morgan Parra y Thierry Dusautoir.