Urge un cambio de rumbo

DEPORTES

No hay nada peor que la autocomplacencia y los diagnósticos equivocados. Oltra dijo que se fue satisfecho con el juego de los suyos. «A mí me ha gustado el equipo. Ha hecho las cosas como las debería hacer», dijo. Salvo que estas palabras no sean más que una impostura del técnico, los motivos para la preocupación no solo son numerosos, sino de gran calado.

El Dépor no carbura como un aspirante al ascenso. No fabrica el fútbol y está a expensas de la magia de Valerón, del hacer de Guardado, y los fogonazos de Salomão. A esto hay que añadir que los defensas están acumulando demasiados fracasos individuales que se reflejan en el marcador.

El actual Dépor no tiene personalidad, no atesora jerarquía, no juega con autoridad y no desprende seguridad. Además, los mensajes que envían los futbolistas no dicen nada bueno de su estado físico.

Pero Oltra está satisfecho y aunque no se felicita por el resultado, sí lo hace por el mediocre juego de su tropa. El adiestrador blanquiazul, que ayer vivió su octavo partido fuera del banquillo, no está mostrando demasiado tino en sus declaraciones.

La Liga es larga y hay tiempo para variar el rumbo. Pero el cambio es imprescindible. Y no solo en el campo. Son ya ocho encuentros sin el entrenador en el banquillo. La situación es insólita en el fútbol español. Un bochorno sin precedentes que Lendoiro está siendo incapaz de arreglar, incluso cuando ha decidido hacerlo izando bandera blanca ante el Vecindario.

O cambian las cosas o los pitos que ayer se produjeron en Riazor dejarán de ser una excepción. La afición es generosa, paciente y muy deportivista. Si los resultados acompañan, puede perdonar determinadas actitudes o ineptitudes. Si tal cosa no sucede, la grada se hará oír.