Con la hazaña protagonizada por el atleta keniano Patrick Makau, en el maratón de Berlín, en el que ayer batió el record mundial con el extraordinario registro de 2 horas, 3 minutos y 38 segundos, se confirma, una vez más, que en la planificación a largo plazo de un atleta lo importante no es llegar antes sino llegar lo más lejos posible.
Eclipsado durante muchos años por las grandes figuras africanas, Patrick Makau no ha brillado en las distancias de pista. Su mejor registro de 27 minutos y 27 segundos en los 10.000 metros, no es una marca destacada para un atleta nacido en Kenia, considerando que el record mundial de Kenenisa Bekele está situado en 26:17:53, es decir en torno a un minuto y 10 segundos más lento que el etíope.
Con esa falta de velocidad base -en los 3000 metros apenas ha conseguido bajar de los 8 minutos-, Patrick Makau no tuvo más remedio que olvidarse del sintético y adentrarse en el asfalto. Y lo hizo sabiendo de antemano que si competía en distancias más largas, sus carencias en la velocidad le perjudicarían menos, aunque esa cualidad siempre es relevante. Y vaya si acertó.
De esa forma llegaron sus éxitos internacionales más destacados, con dos medallas de plata en el mundial de media maratón, logradas en el 2007 y en el 2008. Y sobre todo, marcando unos prometedores 58.52 en el 2009 en esa distancia, a tan sólo39 segundos del record de Bekele. Pero supo esperar distancias mejores y preparó la maratón.
Ayer hizo una media de 2,56 minutos cada quilómetro, durante más de 42 veces seguidas, en un circuito muy rápido. Sencillamente colosal. A la altura de las gestas de Bolt. El atletismo ha sabido recompensarle por su capacidad de saber resistir al tiempo y a la impaciencia.