Mourinho considera que el fútbol es cosa de hombres. Lo dijo minutos después de atacar por la espalda a Tito Vilanova. Es un clásico asociar el fútbol a valores tan rancios como la testiculina. Y también es un clásico apelar a la hombría después de exhibir una cobardía sin precedentes.
La agresión de Mou a Vilanova la podría firmar el mayor de los gallinas: por la espalda, amparado en la multitud y ante una víctima de perfil bajo. Pero el héroe portugués no es el único que está quedando retratado en esta semana intensa del fútbol español. Su presidente, Florentino Pérez, mantiene un silencio vergonzoso. Su falta de valor para enfrentarse a Mou lo está convirtiendo en un títere. Al presidente se le llenó la boca siempre hablando de los valores del Madrid, de la elegancia y del juego limpio. El tiempo ha demostrado que todo era una pose, que lo único que le importa es ganar, da igual el precio, y que llegado el momento en el que a un dirigente se le exige grandeza, se ha mostrado al mundo como un líder pequeñito, miedoso e indigno de la institución que representa.
Otro que salió a escena fue Valdano. Ahora, ya fuera, dice que el comportamiento de Mourinho no le da ningún honor ni al técnico ni al club. Habla Valdano de honor, cuando él no se atrevió a defender el suyo en los tiempos en que era humillado por Mou.
La que acaba no ha sido, sin duda, la semana de los valientes. Así, Javier Tebas, abogado y hombre de peso en la Liga, ha acusado a la AFE de esconder los nombres de futbolistas que han participado en amaño de partidos. Curiosa acusación de Tebas, dado que si él conoce casos de corrupción debería tener la valentía de denunciarlos ante la autoridad competente. Y curiosa respuesta de la AFE, con un silencio cobarde ante una afirmación que, de ser incierta, exigiría una respuesta en los tribunales. Por último está la acusación del presidente del Getafe, que acusó a Lendoiro de querer cobrar el dinero por Rubén Pérez por canales distintos a la Liga para evitar los embargos de acreedores, entre los que se supone que está Hacienda. Algo tan serio como querer eludir una cita con Hacienda merece algo más que la callada por respuesta.