Derroche de energía del Real Madrid

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Sorprendió el Real Madrid. Con un alarde de energía descomunal, anuló al Barça. No le dejó respirar, lo asfixió al límite del reglamento y convirtió el partido en un infierno para los de Guardiola.

Hasta el violento Pepe pudo haber adelantado a los suyos en lo que hubiese sido la sublimación del Mourinhismo. Fue mejor el Madrid en el primer acto, imprimiendo un vértigo brutal a todas sus acciones, desarbolando con la velocidad de todos sus hombres y presionando a rivales y árbitro por igual. Pocas veces lo habrá pasado tan mal un Barça que se sintió impotente sobre el verde de Mestalla.

Pero tanta intensidad pasó factura a los jugadores blancos. La segunda parte fue un monólogo blaugrana. Aparecieron sus artistas y desapareció el vigor merengue. Xavi hizo de arquitecto, Iniesta se soltó, Messi gambeteó, Pedro fue profundo y la apisonadora amenazó con derrumbar el muro blanco. Pero Iker Casillas se negó a decir adiós al único título que se le resistía. Con sus manos prodigiosas mantuvo a flote al conjunto blanco y se llegó a la prórroga. Entonces, un Cristiano Ronaldo que hasta entonces estuvo más mal que bien, se sacó un remate de bandera que dio la Copa al Real Madrid y el primer título de la controvertida era Mou.