Una comida para entender Augusta

Paulo Alonso Lois
paulo alonso REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Schwartzel aprovechó los consejos de Nicklaus para ganar el Masters en su segunda presencia

12 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Por delante marchaba Tiger Woods, cuyo festival de aciertos propiciaba un júbilo que se sentía en todo el campo; por detrás gestionaba Rory McIlroy los cuatro golpes de ventaja con los que iniciaba la última vuelta del Masters. Y en medio, tapado entre el grupo de aspirantes al vuelco, hilaba su gran obra Charl Schwartzel (Johannesburgo, 1984). El sudafricano abrió su faena con un golf de dibujos animados: metió un approach increíble en el primer hoyo e hizo un eagle desde la calle en el tercero. Tras el hoyo 15, echó un vistazo a la clasificación. «A partir de ahí pensé que ahora o nunca; tenía que empezar a dar buenos golpes». Le arañó un golpe a cada uno de los cuatro últimos hoyos para ganar con 214 (-14), dos impactos menos que los australianos Adam Scott y Jason Day y cuatro que Woods. McIlroy, tras la tragedia, finalizó decimoquinto (+8 el último día).

A los 26 años, Schwartzel destroza una de las máximas que se atribuyen a Augusta: el campo solo se interpreta después de muchas vueltas de experiencia. Su triunfo, en su segunda participación, iguala un récord histórico que habían fijado Jimmy Demaret en 1940 y Herman Keiser en 1946.

El propio ganador desveló una de las enseñanzas que le permitió conocer parte de los secretos del campo. El año pasado, durante un evento benéfico organizado por Ernie Els, compartió una comida con Jack Nicklaus, seis veces ganador del Masters, en la que le fue desvelando, hoyo a hoyo, como encaraba él el mítico campo.

«Empezamos hablando sobre caza y él me contó la forma como él jugaba todos los 18 hoyos de Augusta», explicó el ganador. Tras su trigésimo puesto del Masters del año pasado, Schwartzel recurrió también a los consejos de Nick Price, propietario de tres grandes, para ganar tacto en los rapidísimos greens del Masters. Poco antes del inicio del torneo, jugó varias rondas con Ernie Els, otro fenómeno con tres majors. Acumuló más y más enseñanzas.

Aunque Schwartzel asegura que el empujón clave para creer en sí mismo llegó el verano pasado al ver ganar el Open Británico a Louis Oosthuizen, su amigo de siempre, sudafricano como él, compañero de generación. «Esa fue mi mayor inspiración», indica el ganador.

Y todo empezó con la semilla que su padre, un granjero, le inculcó con su pasión por el golf. «Tiene una granja de pollos, en la que además se venden huevos. También tenemos maíz. Mi abuelo la construyó, así que viene de familia. Yo ayudaba allí. Antes conducía el tractor y hacía cosas por allí cuando era más joven. Pero mi padre era un gran aficionado al golf, y solíamos jugar. Así es como empecé. Sin mi padre no tendría el swing que tengo. Si no fuera por él, yo nunca hubiera llegado a esta situación», explica.