Tras el rastro de la sangre

El atletismo español recurre al pasaporte biológico para limpiar su imagen


redacción / la voz

Los atletas españoles no podrán viajar a la élite sin el pasaporte biológico. La Federación Española de Atletismo aprobó la implantación de este sistema el pasado enero después de la convulsión sufrida por la operación Galgo. Fue desarrollado por la Universidad de Lausana con el apoyo de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y la Unión Ciclista Internacional ya lo introdujo en el 2008. La idea nace de las técnicas empleadas en las investigaciones forenses. Se establece un perfil hematológico y esteroideo del deportista. Se monitorizan el hematocrito (porcentaje de glóbulos rojos), la hemoglobina y los reticulocitos. A fuerza de controles y, teniendo en cuenta los parámetros considerados normales, se establecen unos límites para controlar las desviaciones.

El objetivo no es detectar una sustancia prohibida, es encontrar la huella del dopaje reflejada en una variación anómala de estos marcadores. Los reticulocitos son glóbulos rojos jóvenes. Si la cantidad desciende de forma acusada, por ejemplo, puede indicar que el deportista ha consumido epo, ya que con esta aportación exógena el organismo no tendría la necesidad de producirlos. Para elaborar un perfil fiable es necesario realizar test fuera y dentro de la competición. Los deportistas pueden acceder a sus resultados vía Internet y seguir su evolución. Pero desconocen dónde están situados los límites de sus valores. No solo el dopaje puede hacer variar de forma acusada los marcadores. Una enfermedad como la anemia o el simple hecho de dejar de entrenar también puede incidir.

McQuaid, gran defensor

Pat McQuaid, presidente de la UCI, defiende el empleo de esta herramienta, que en su estreno fue presentada como la panacea contra el dopaje en el pelotón. Pero los investigadores en materia antidopaje aseguran que el truco para intentar que no salten las alarmas es reducir las dosis, atomizar el dopaje. Transfusiones con pequeñas cantidades de sangre, epo en microdosis, todo para que no se alteren los marcadores. La propia AMA comunicó a la UCI su preocupación sobre estas prácticas en el 2010.

Y el pasaporte biológico genera otras dudas. El propio panel de expertos designados por el organismo que rige el ciclismo mundial ha pedido más transparencia en todo el proceso. A su vez, este grupo también ha recibido críticas. El científico holandés Klaas Faber asegura que el pasaporte tiene fisuras legales (de nuevo la norma antidopaje contra la legislación de cada país) y científicas y carga contra el procesamiento de datos realizado por la UCI, ya que cree que el tratamiento estadístico no es el adecuado, y que se manejan cifras y porcentajes de forma un tanto arbitraria.

El pasaporte biológico es un instrumento para sancionar y para señalar al sospechoso e incrementar los controles sorpresa sobre él. Pero también puede ser utilizado por aquellos que intentan defenderse en un caso de dopaje, como Alberto Contador, que dio positivo por clembuterol en el Tour 2010 y fue absuelto por la federación española. «Con el pasaporte biológico se puede demostrar que no hay autotransfusión», aseguró el ciclista madrileño.

Publicar los valores

Para algunos ciclistas el pasaporte es una especie de bandera de limpieza. El británico Bradley Wiggins (Sky) señaló en declaraciones a Cyclingnews que es partidario de que los valores de los ciclistas se hagan públicos en Internet. Lance Armstrong llegó a difundir sus valores sanguíneos cuando regresó al pelotón profesional, pero no logró despejar la sombra de la duda.

Este instrumento, con sus luces y sombras, cruza fronteras deportivas. La Federación Internacional de Fútbol (FIFA) se comprometió en el 2009 estudiar la introducción del pasaporte. Su viaje con el pasaporte biológico empezará más tarde que el de los atletas.

Para obtener valores mediante controles sorpresa es necesario que el deportista detalle trimestralmente su localización diaria en la web del ADAMS (Antidoping Administration & Management System), un sistema desarrollado por la Agencia Mundial Antidopaje.

El deportista puede acceder a los valores detallados en cada uno de los test unas dos semanas después del control. No se detallan siempre los mismos. En la imagen, datos correspondientes a un control al que se sometió un competidor de élite en el 2010.

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