El Villarreal será el rival del Sevilla en los cuartos de final de Copa en una eliminatoria que camina por la misma parte del cuadro que el Real Madrid, con el submarino amarillo ahora más reforzado tras su brillante remontada frente al Valencia. Tres días antes de enfrentarse a los blancos en el Bernabéu, el Villarreal acabó en El Madrigal, a base de buen fútbol y ambición, con un Valencia que pagó su conservadurismo. Tras el 0-0 de Mestalla, el Villarreal fue fiel a su estilo y encontró su recompensa.
El Valencia, que salió con tres centrales, quiso amarrar más aún después de haberse adelantado 0-2 y lo pagó con el adiós copero, arrollado en la segunda parte por un rival sin freno. Liderado por un delantero inmenso, Giuseppe Rossi, que participó en los cuatro goles. El italiano, que se ha convertido en una mina de oro para el Villarreal marcó dos tantos, participó en los otros dos, y certificó con un recital la merecida goleada.
Tenía toda la pinta la eliminatoria de haber quedado sentenciada en solo 23 minutos, por un grave error del portero Juan Carlos, que se tragó un lejano disparo de Banega, y por un golazo de Soldado, que pinchó con su derecha un balón lanzado en largo por Maduro y definió de forma magistral con la misma pierna. El Valencia no necesitó demasiado. Sin apenas ocasiones marcó dos tantos, con cinco defensas, frente a un Villarreal que decepcionó en el arranque.
Los visitantes estuvieron tan cómodos en la primera mitad que se confiaron demasiado y fueron humillados por la superioridad y el juego fluido, profundo, alegre y contundente del submarino. Y eso que Rossi ejerció casi más de asistente que de goleador, aunque volvió a marcar por partida doble.
Magistral Rossi
Está pletórico el genial delantero italiano, que no para de crecer y está en la senda de acabar muy pronto en un equipo con grandes aspiraciones europeas. Rossi no se perdió un gol. Dio el pase del primero a Cazorla, acertó desde el punto fatídico, creó una genial combinación al primer toque con Cani y cerró la cuenta con una definición de crac. Lo mereció con creces el Villarreal, porque en el segundo tiempo arrolló a un Valencia asustado ante el vendaval amarillo. Decidió el equipo de Garrido lanzarse a tumba abierta sobre la portería de Guaita y en un par de minutos puso la igualada, no a la eliminatoria, pero sí al partido, para recuperar la fe, espoleado por la alegría de su juego, velocidad, y por la omnipresencia de Rossi. La jugada del 3-2 fue para enmarcar, dejando en ridículo a la defensa che. El Valencia no tuvo arrestos para reaccionar. El trabajo ya estaba hecho, y a lo grande, aunque todavía faltaba el último gol en jugada de quien más hizo y peleó por la clasificación para cuartos.