El suizo avanza sin ceder un solo set tras un despliegue de recursos ante el sueco en el O2 Arena de Londres
26 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El verbo jugar adquiere todos sus matices durante un partido de Roger Federer. El deporte, la competición y el espectáculo parecen recuperar su esencia como divertimento, por encima de cualquier otra cosa, cuando el suizo acaricia la pelota con su raqueta. Tan variado y rico es su lenguaje -dentro de una modalidad en la que muchos rivales son monolingües del estacazo desde el fondo de la pista- que a veces parece moverse en otro mundo. Así derrotó a Robin Soderling, uno de los jugadores más en forma del momento, reciente ganador del Masters 1.000 de París-Bercy, por 7-6 y 6-3. Como campeón de su grupo pasa a las semifinales del torneo de maestros del O2 Arena de Londres.
El sueco fue un rival dignísimo pese a enfrentarse a un Federer que lo amargó en 14 de sus 15 duelos anteriores. Supo sacudirse la soga que colgaba de su cuello desde que Federer logró el primer break con 1-1. Se reenganchó al partido al igualar a cuatro juegos, tuvo incluso dos engañosos juegos al resto para ganar la primera manga, pero nunca supo cómo desarbolar al suizo, que se sacaba de su chistera un plan diferente en cada punto: subidas a la red, bolas cortadas, dejadas, paralelos definitivos...
Exceso de vista, y set
Así llegó al tie break Federer, midiendo los esfuerzos justos para hacerse con el primer set. Con 6-4 a su favor y servicio, cometió un error y dio vida a Soderling. El sueco atacó la red, valiente, pero dejó pasar un revés sutil del suizo, medio globo, que parecía irse, pero que terminó posándose un par de palmos dentro de la pista. Set por 7-6 (5).
Federer, chico temperamental, apretó el puño, superado el apuro. Ya se sabe que el tenista más elegante se guarda dentro la tensión. Por eso sus sentimientos afloran en forma de llanto en situaciones tan diversas, como se vio en la ya mítica final del Open de Australia del 2009 contra Rafa Nadal, cuando no pudo evitar confesar que toda aquella lucha para caer derrotando lo estaba «matando» durante la entrega de premios. Pero, para el espectador, su juego es puro arte.
Con el primer set en el bolsillo, Federer aseguraba ya su pase a semifinales. Como un reloj suizo llegaba fiel a la penúltima ronda por octava ocasión en nueve participaciones en el torneo de maestros. Para evitar los apuros del anterior, el segundo resultó más sencillo. En el momento preciso, con 3-3, rompió el servicio del sueco y esprintó hacia el triunfo.
Federer llega a las semifinales sin perder un solo set, y sin apenas desgaste. «Por eso estoy tan contento, ya que en los tres partidos gané en dos sets y no malgasté energía», comentó en declaraciones recogidas por Efe . El suizo aseguró desconocer que solo necesitaba un set para clasificarse. «Yo simplemente quería salir ahí e intentar ganar el partido lo mejor posible», añadió.