A Florentino Pérez le encanta hablar de los «valores del Madrid». Con ello se refiere a señorío, juego limpio, excelencia dentro y fuera del campo y, en definitiva, a un código de conducta en el que el qué y el cómo tienen una importancia similar. Pero todo eso lo mandó al garete el presidente blanco con la contratación de Mourinho. El fichaje del portugués fue un mensaje clarísimo. Desde entonces, lo único importante es ganar.
Florentino puede conquistar títulos con el luso al timón, pero visto lo visto va a perder la guerra de la imagen y de los valores. Exabruptos a un lado, las manifestaciones de Preciado han sido ampliamente aplaudidas, por ser el primero que realmente planta cara a las continuas provocaciones del special one. Desde que llegó a España, a Mourinho solo le falta enzarzarse en una polémica con el imperturbable Del Bosque. Si desde el propio Madrid no le paran los pies a su belicoso entrenador, el equipo blanco verá como crece la hostilidad con la que es recibido en todos los campos de la Liga. Cada victoria que consiga bajo estos nuevos valores no engrandecerá la historia merengue, sino todo lo contrario.